NO HABÍA MEJOR MOMENTO PARA RECIBIR AL MADRID

FERNANDO GÓMEZ

Nunca las cosas en la temporada liguera fueron mejor que ahora. La previa del partido ante el Real Madrid tenía colocado al Valencia a cuatro puntos del último clasificado en puestos que dan derecho a jugar la Champions League el próximo ejercicio, y eso convertía el encuentro, que de por sí es siempre muy atractivo, en incluso más visceral y excitante, dadas las posibilidades de éxito del equipo valencianista.

Y decía yo, cuando siempre era preguntado al respecto, que el orgullo de los futbolistas del Real Madrid nunca debía superar la necesidad de los nuestros. Necesitamos la Champions, la clasificación para esta competición temporada tras temporada es obligada en aras de la progresiva y definitiva recuperación económica y, lógicamente, tratando de equipararse en posibilidades de inversión a los más clubes importantes del panorama futbolístico nacional.

El Real Madrid es un equipo plagado de jugadores a los que, en esta fase de liga, no les duele tanto perder. Muchos de ellos ni siquiera saben qué les pasará a final de temporada, si seguirán en el club o deberán buscar otro destino futbolístico. Incluso al entrenador le importa más lo que pase a partir del uno de julio que lo que suceda en estos últimos partidos. Sí, tienen un altísimo nivel, y salen a ganar, pero las variables psicológicas, en principio, jugaban mucho más a favor de los valencianistas que de los madrileños.

Y Marcelino de entrada sacó su mejor equipo. Parecía que podía haber algún cambio más, pero tan solo Diakhaby se constituyó en la principal novedad en el once inicial. Wass lógicamente se mantenía en el lateral por la baja de Piccini y quizá esperábamos a Roncaglia acompañando a Garay en el centro de la defensa. Y todo esto contra un Real Madrid sin Isco ni Bale, jugadores titulares con Zidane en sus dos anteriores encuentros, pero que ayer debieron esperar su oportunidad saliendo desde el banquillo. Y así se dio. El Real Madrid propició que el Valencia disputara un partido cómodo, plácido, sin contratiempos y siempre controlado. Replegaditos atrás, posesión de los visitantes, lenta y sin generar peligro, los jugadores valencianistas esperaban el momento de cazar un buen contragolpe que les diera ventaja en el marcador. Y no fue tras un contragolpe, pero sirvió el gol de Guedes para ponerse por delante. El Real Madrid no dio muestras de capacidad de reacción. Es más, tras el gol del Valencia, problemas para los visitantes que parecieron abandonar, y los nuestros se hicieron con el mando.

La segunda mitad, más de lo mismo, aunque el Valencia pudo aprovechar mejor alguna de las contras que realizó, sobre todo porque Marcelo no está para sufrir, y al equipo le costaba volver. El resultado era corto, pero ellos no gozaban de oportunidades. Y con el segundo de Garay se acabó.

No había mejor momento para recibir al Madrid. Un Madrid roto, hundido, desmoralizado y desquiciado, resignado a su suerte. Y el Valencia logró una victoria que lo acerca todavía más al objetivo.