A LO MEJOR...

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Un ligero escalofrío de alegría me recorrió el espinazo. Quizá a ustedes les sucedió lo mismo. Incluso me dije eso de «lo merecía». Esos fueron los primeros impulsos cuando leí la noticia de ese cazador furtivo pisoteado por un elefante y devorado más tarde por unos leones. Sólo recuperaron el cráneo. Pero luego cavilé. A lo largo del día comentaba la noticia con las amistades y me solían responder «pues por una vez final feliz...». Seguí carburando. ¿Y qué sabemos en realidad de ese finado y de sus detalles íntimos? A lo mejor ese furtivo tenía madre, padre, hermanas y hermanos que ahora lloran su muerte. A lo mejor ese furtivo tenía cuatro niños y necesitaba alimentarlos. A lo mejor, sólo a lo mejor, desde nuestro primer y confortable mundo entretenido por chismes tecnológicos y series televisivas, no logramos comprender lo jodida que puede resultar la existencia entre la pobreza africana porque sólo nos conmueve la belleza de pulcra postal y rutilante banda sonora de 'Memorias de África'. A lo mejor ese hombre se jugó el alma y perdió el pellejo dedicándose al furtivismo no por mera maldad contra los animales, ni por un placer sádico, sino porque era su única salida en mitad de la desesperación. A lo mejor ese hombre hubiese preferido regentar un ultramarinos en Bruselas, pero no pudo escapar de su país. A lo mejor deberíamos desconfiar de nuestros primeros impulsos lastrados de maniqueísmo simplón. A lo mejor, antes de opinar sobre el fallecimiento de una persona convendría no despachar el letal trance tan frívolos sobre todo si desconocemos las circunstancias y las opciones que la envolvían. A lo mejor, esas buenas gentes que se sienten felices porque unos leones saciaron su hambre con un destrozado cadáver están en contra de la pena de muerte y de la cadena perpetua revisable. A lo mejor.