AQUEL MÉDICO INOLVIDABLE

Mª ÁNGELES ARAZO

Lo vi en uno de los bares que asoman al barranco. Estaba leyendo el periódico, levantó la vista para saludar y siguió enfrascado en las noticias. Llevaba las mangas de la camisa dobladas a la altura del codo y desabrochado el último botón, el que oculta el nudo de la corbata. En su figura no dominaba el desaliño, sino el cansancio, ese escepticismo de preguntarse muchas veces 'por qué' y 'para qué'. Don José Luis Sánchez dudó antes de aceptar la entrevista, y se decidió por ayudarme, por cumplir con su espíritu de servicio.

Recordé clínicas y despachos de médicos en las que no faltan lienzos valiosos y plantas de interior. La mesa de railite se me antojó más vulgar que de costumbre y el médico rural me despertó una ternura tremenda. Me propuso ir a su casa y anduvimos despacio. Le saludaban todos y él contestaba con un gesto de la cabeza o un simple ademán de mano.

«El 26 de este mes me jubilo; cumplo 70 años». Lo declaró sin ningún matiz emotivo. Hay quien se jubila ante un fin profesional impuesto por las leyes y quien suspira por alcanzar la jubilación, porque está harto de un trabajo que le cansa, de una rutina que le asfixia, y desea entregarse a una afición. El médico de Cortes de Pallás lo dijo como una frase formularia

La puerta de su casa estaba abierta y en el pequeño recibidor lo esperaba un matrimonio de viejos a los que auscultó y tomó la tensión. «No me cenéis tanto y seguid con las inyecciones.» La anciana, tras dudar, preguntó: «Y cuando lo jubilen, ¿qué?» El médico les sonrió: «Ya veremos, ya veremos».

Don José Luis Sánchez Urzaiaz, después de terminar la carrera hizo oposiciones y lo destinaron a Cortes de Pallás, y allí se quedó. A veces en las casas de las aldeas ni tenían agua, e iba en un mulo, bajo la lluvia o la nieve. Recordaba como el día más amargo el de una tormenta que le hizo llegar demasiado tarde. «Sólo pude decir: 'está agonizando' -contó-. El hijo se me echó al cuello, y lloré con él. Lloramos juntos.» Guardó silencio unos minutos y terminó confesando: «Volvería a ser médico, y a enterrarme aquí toda una vida.» Lloramos juntos.