MÁSTERES, TESIS Y APRENDIZAJE

En 2015, la Guardia Civil investigó durante la operación Sextante a 800 personas por obtener titulaciones náuticas falsas. La mar es experiencia, por lo que poseer un título sin navegar mucho no te libra de las tormentas. No obstante, a veces lo que puede proporcionar el dinero -un yate- no se acompaña de la capacidad, el tiempo o los conocimientos previos para aprobar dichos títulos.

Pongo este ejemplo porque caricaturiza bien las polémicas que se amontonan alrededor de las titulaciones académicas que coleccionan ciertos políticos. No todos, claro, son el mismo caso, porque sobre el asunto también se cierne esta política de índice acusador y odio al contrario que desvía las atenciones públicas a lo anecdótico y tangencial.

Sería preciso distinguir tres niveles: la mentira (o exageración), la trampa y la corrupción. La exageración, la mentira, los currículos dopados, a mi juicio, no pasan de un escarnio público, y quizás en España hemos elevado, como un refresco agitado, la exigencia de pulcritud en cuestiones anecdóticas orillando otras de mayor enjundia. La última inocuidad: echarle en cara a Albert Rivera que todavía figure, en algún perfil oficial o no oficial, su descripción como "doctorando", categoría que se pierde cuando uno deja de estar matriculado en estos estudios. Lo fue y ya no lo es y a diferencia de un título, cuya vigencia es vital, el rol de estudiante es de temporada. ¿Y? Si acaso fuera esto una mentira, más que un olvido, anda que no se podría achacar mentiras a los políticos en la acción política, que pasan sin la gravedad ni la censura pública como la que exageradamente señalamos la académica.

Un escalón se sube con la trampa como el supuesto plagio que se asoció al proyecto fin de master de Carmen Montón. Y otros. La relación de la trampa con la dimisión es más coyuntural de tal forma que el momento político y la agenda noticiosa ha permitido a algunos que la cosa quede en agua de borrajas o le mande a casa. A este gobierno ya le ha costado dos dimisiones, pues no todas las trampas son académicas sino más bien económicas o fiscales. Tampoco son siempre graves, como los padres que hacen las manualidades escolares a los hijos.

Pero los casos conocidos no deben desviarnos de lo más grave que es la corrupción. Específicamente, la corrupción académica que ha permitido a algunos lograr títulos sin el esfuerzo, los requisitos y las condiciones que el común de los alumnos. En estos casos, ya digo, lo grave no es sacar a la luz un político corrupto sino la corrupción en el ámbito universitario.

Hay que tener en cuenta que el sistema educativo tiene dos grandes monopolios: el tiempo de los niños durante la Educación obligatoria y la potestad de dar títulos oficiales. Entiéndase, no digo que tenga que ser de otro modo, sino que esas dos obligatoriedades para la sociedad exigen una gran responsabilidad. Lo que ha sacado a relucir la polémica sobre los másteres no es, por tanto, la corrupción política sino la académica. Inédita, con esta fuerza de exposición pública, en las últimas décadas.

Paralelamente, la polémica permite detenerse a reflexionar sobre el difícil casamiento al que se enfrenta la Educación, en todas sus etapas, que es a saber reflejar el aprendizaje con sus titulaciones. El sistema educativo es una dinamo que transforma la energía del aprendizaje en un producto que son las titulaciones. Una tensión que aumenta a medida en que se escala en las etapas educativas. Preguntemos: ¿alguno de los políticos y políticas implicados en los casos conocidos pretendía aprender algo en esos grados y másteres logrados sin asistencia, sin estudio y a medias? Son los títulos, no el conocimiento, lo que hincha los currículos.

Dicen que las grandes corporaciones tecnológicas comienzan a valorar a sus candidatos laborales sin priorizar sus titulaciones académicas, ya sea porque muchos de sus fundadores no terminaron la universidad. Es un asunto al que no hay que darle coba a la ligera, y que está muy lejos, por ejemplo, del funcionamiento de nuestra función pública graduada según niveles académicos y donde cada mérito requiere su certificado que lo avale.

Una de las grandes incógnitas -y tendencia- de la Educación que viene: el incremento del valor de lo aprendido fuera de entornos formales y, por tanto, no acreditables oficialmente. En realidad, un título sin conocimientos adquiridos es como una estampita de Forum Filatélico.

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