La maravilla de Nueva Zelanda

PEDRO CAMPOS

Según la RAE, edén significa: lugar muy agradable en el que se está a gusto y se es feliz. Es la definición perfecta de Nueva Zelanda. Se trata de un país en el que están a la par la maravilla de sus paisajes con la hospitalidad de su gente. Personas respetuosas que tienen la máxima de que no hagas lo que no quieres que te hagan o trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. Lo llevan a rajatabla. Sin dudas. Con una sonrisa. Al final todo se resume en educación. Buena educación. La base sobre la que edificar la sociedad del futuro. Y una clase política que planifica su trabajo en la felicidad de su gente. Allí sería impensable que los partidos no se pusieran de acuerdo para gobernar porque llevan semanas discutiendo por un sillón en el consejo de ministros. Que si quiero la vicepresidencia, que si no te la doy, que entonces no te apoyo, pues ahora me enfado. Esto pasa en España, naturalmente. El país que premia al pícaro por encima del considerado. Nueva Zelanda, con la mediática Jacinda Ardern al frente, ha presentado el presupuesto « del bienestar», en el que prioriza las mejoras de la calidad de vida individual frente a los indicadores económicos. El país oceánico no fija su mirada únicamente en el producto interior bruto, cifras macroeconómicas que muchas veces ocultan la desigualdad social, la corrupción o el cuidado del medio ambiente, factores que para Nueva Zelanda son vitales, les va la vida en ellos. Por tanto, todos los gastos que se presupuesten deben impulsar estas cinco premisas: mejorar la salud mental, reducir la pobreza infantil, abordar las desigualdades que sufren los indígenas maoríes, progresar en la era digital y marchar a una economía medioambientalmente sostenible y baja en emisiones. Pero aquí nos seguimos peleando por un sillón. Lamentable.