MANTEROS ELECTORALES

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

Alguien ha escrito, y opino que acertadamente, que en estas elecciones que se avecinan, no dominan las siglas del partido, o la marca, que lo que ahora domina es 'el amo'; es decir, quien decide las candidaturas y lo hace con mano de hierro. Y junto a esta apreciación, ahí va otra: ha entrado en el juego electoral, o lo que es lo mismo, en la difusión de los mensajes y en la captación del voto, el 'mantero electoral'. Es decir, a través de los distintos medios de las redes sociales se exponen los pros y las contras de este o aquel partido político, se vilipendia o alaba a este o a aquel líder, al amo del cotarro. Junto a los carteles en las grandes vías o en las carreteras en los medios de comunicación y en otros lugares, los 'manteros electorales' extienden en la aldea global cualquier idea que beneficie al 'líder'. Y no seamos ingenuos, la 'mercancía' que ofrecen los 'manteros electorales' viene distribuida por quienes mandan en los partidos.

Y otro dato a advertir de cara a los inminentes comicios. Termino de leerlo, los yacarés, caimanes del Amazonas, tienen la lengua pegada a la parte inferior de la mandíbula. ¡Pues muchos políticos la tienen bien suelta, muy parlanchina! Eso sí, no tienen el menor rubor en rectificar, en la mayoría de las veces recurriendo a «no se me ha entendido bien». ¿Los fans, seguidores voceros mandados? ¡Unas leguas muy pero que muy sueltas, ofensivas si es el caso! Con lo que sobre la 'manta electora' ya no aparecen objetos falsos en venta, sino calumnias, injurias, descalificaciones y todo tipo de material vendible.

Y aparecen en las 'mantas electorales' temas que los líderes no se atreven a plantear en público por si las moscas: eutanasia sin restricciones, aborto sin cautela alguna, incitación al oído -disfrazada-, pactos con separatistas, y un largo etcétera de cuestiones. Y como nos tragamos lo que aparece en las redes sociales sin espíritu crítico alguno, pues... ¡a merced estamos de las dicharacheras lenguas! Y los ciudadanos nos jugamos, en las elecciones, nuestro futuro más inmediato. Reflexionar no cuesta tanto.