MANGRIÑÁN CAMPILLO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No sé si al final le va a salir a cuenta a Sandra Gómez haberse empeñado cual niña consentida con la vicealcaldía, la vicealcaldía, la vicealcaldía y quiero mi vicealcaldía, cuando lo que ha conseguido es que le salga una sombra que la acompaña a todas partes a donde antes iba sola y que responde al nombre de Sergi Campillo Fernández, el otro vicealcalde, el vicealcalde bis, el regalo envenenado con el que Ribó accedió al empeño personal e intransferible de la concejal socialista durante las negociaciones con Compromís. Porque Ribó será muchas cosas y no todas buenas, no se podrá decir de él, por ejemplo, que es un trabajador empedernido, un hombre que se lleva la ciudad a casa, que no descansa y para el que no hay horas, eso no, pero de tonto no tiene un pelo, lleva muchos años en esto de la política, prácticamente toda la vida, y se las sabe todas, un zorro viejo curtido en organizaciones de ideología comunista donde la fontanería no es que sea un valor, es que es la condición imprescindible para la supervivencia. Con lo que la jugada que supuestamente iba a servir para ponerle a él un férreo marcador como Mangriñán con Di Stefano -o en versión más moderna como Albelda con Zidane (una labor futbolísticamente impecable que en Madrid aún no han perdonado al de La Pobla Llarga)- ha terminado dándose la vuelta y es ahora Gómez la que no se quita de encima a su perseguidor, el representante del alcalde, el hombre de Compromís que cubre los huecos que no llena Ribó (que no son pocos) y de paso le roba protagonismo a la que se vio como alcaldesa y se tuvo que conformar con quedarse en vice. Cuando aquí de lo que se trata es de adoptar un perfil propio si es que de verdad quiere una presentarse como alternativa de futuro, como la alcaldesa -esta vez sí- en 2023. Como si Compromís hubiera desaparecido porque Ribó ya no vaya a ser candidato. Y como si María José Catalá fuera a aceptar tan tranquila su papel de jefa de la oposición por los siglos de los siglos. Así que la mejor manera que tiene la vicealcaldesa de burlar a su marcador con un regate a lo Garrincha que lo deje sentado es tomar postura en la polémica por la ampliación del Puerto de Valencia y aclarar si está con su jefe no de partido pero sí de equipo municipal de gobierno (Joan Ribó) o con el presidente del Puerto (Aurelio Martínez) y el ministro de Fomento (José Luis Ábalos), socialistas como ella y que navegan (nunca mejor dicho) con un rumbo contrario al que ha emprendido Compromís. Otra cosa es que a ella le convenga o le apetezca quedar como que no está en el grupo de los ecologistas antiPuerto, que es lo que ahora se lleva, sino con los empresarios, transportistas y multinacionales del sector marítimo, y dejarle toda la cuota verde a los nacionalistas.