Manada de violadores, horda de irresponsables

¿Algunos de los que critican la sentencia por blanda son los mismos que rechazaban la prisión permanente revisable?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Después de leer apresuradamente la sentencia de 'la Manada', de hablar con algunos juristas, de debatir con compañeros, familiares y amigos y de intentar resistir al bombardeo de opiniones en prensa, radio y televisión, me reconozco completamente incapaz de enjuiciar un fallo que como es lógico se adentra en terrenos técnicos y en precisiones legales y procedimentales que se me escapan, no como a esos millones de expertos en Derecho que de repente han surgido por toda España y que en cuestión de minutos ya se habían empapado las casi cuatrocientas páginas de la resolución. Pero es evidente que, desde el desconocimiento, la lectura de los terribles hechos acaecidos aquella noche en Pamplona y que se consideran probados por el tribunal no casa bien con la calificación jurídica que se realiza de los mismos. No acierto a discernir si la culpa de esta fractura es de los magistrados o del Código Penal, que deja tan inconcreta la calificación del delito que abre la puerta a este tipo de interpretaciones. Tras la reacción del Gobierno, anunciando la revisión de la tipificación de los delitos sexuales, me temo que la búsqueda de responsabilidades debería centrarse más en los legisladores (políticos) que en los jueces, sin descartar por ello que la sentencia de la Audiencia de Navarra no haya sido precisamente modélica ni ejemplar. Pero con independencia de que la condena a los cinco sevillanos sea por abusos o por agresión y a la espera de lo que dictaminen las instancias superiores, hay dos factores que también resultan inquietantes en todo este asunto que ha venido a revolucionar aún más a una sociedad que asiste a diario al hundimiento de su clase política en un lodazal. El primero es el de la propia 'manada', un grupo de jóvenes sin control que salían 'de caza', sin el menor respeto por la mujer como género, con un absoluto desprecio hacia una chica -en realidad, hacia todas las chicas- a la que apenas veían como un trozo de carne para su uso y disfrute. ¿No habría tal vez que buscar en la sociedad hipersexualizada -reacción extrema al puritanismo y oscurantismo de antaño- la razón última de este tipo de comportamientos? ¿No es, por ejemplo, una bomba de relojería entregar a un niño de diez años un móvil con el que puede descargarse la pornografía y la violencia más salvaje y pedirle luego que tenga una actitud respetuosa hacia las mujeres? El segundo factor tiene que ver, cómo no, con el intento de utilización política de la sentencia por parte de algunos, los de siempre, para sacar tajada, para presentarse como los auténticos defensores de las mujeres. ¿Esos que ahora abogan por un endurecimiento del Código Penal son los mismos que hace unas semanas votaron en contra de la prisión permanente revisable y los mismos que en Alsasua se sitúan del lado de los agresores en lugar de compadecer a los agredidos? ¿Me lo pueden explicar con más calma para que lo entienda?

 

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