LA MANADA

NACH0 COTINO

El sábado asistimos a un espectáculo bochornoso en Vallecas. Y no me refiero a lo visto sobre el terreno de juego sino a las asquerosas imágenes que 'Vamos' recogió en las inmediaciones del banquillo valencianista justo instantes antes de iniciarse la contienda. Allí, un grupúsculo reducido de forofos descerebrados se arrancaron en una letanía interminable de insultos hacia el técnico del Valencia que, a ochenta centímetros de 'la manada', aguantaba estoicamente la tormenta de basura que le arrojaban. Solo hacía falta ver los gestos desencajados por la ira de los agresores verbales para aventurar hasta dónde hubiesen sido capaces de llegar de no haber presencia policial en el estadio y miles de testigos, muchos de los cuales se sumaban a la cantinela de: «Marcelino hijo de p...», pero aún no llegando a la violencia física, hubo un instante en el que se traspasaron todas las fronteras de lo permisible. Desgraciadamente el insulto fácil ha quedado instalado en el fútbol y hemos terminado por metabolizarlo como un ingrediente más del show. Incomprensiblemente hemos acabado por asumir que soportar una buena dosis de exabruptos verbales vomitados desde la grada entra en el sueldo. Y no debería entenderse como algo normal pero así lo entendemos desde la premisa de que el aficionado pueda encontrar en el fútbol un contexto que sirva de válvula de escape de sus miserias cotidianas y a nadie extraña ver a un padre en el fútbol acompañado de su hijo insultando a diestro y a siniestro permitiendo así que el niño aprenda desde bien pequeñito que al fútbol se va a insultar, pero es intolerable que un señor entrado en canas sea tan miserable y tenga el alma tan podrida como para desear la muerte del entrenador rival y la de su esposa recordando el accidente de circulación que la familia de Marcelino padeció hace poco más de un año. Da asco encontrar gentuza así en el mundo del fútbol y lo deseable sería que esa 'manada' no vuelva a pisar un recinto deportivo. Mientras Antiviolencia ha propuesto multar con 2.500 euros y seis meses de prohibición de acceso a recintos deportivos a los dos aficionados, el Rayo Vallecano -que ni siquiera se apresuró a identificar y denunciar a la jauría- se ha limitado a suspender sus abonos cuando ellos se han 'entregado' hasta final de temporada a falta sólo de tres partidos a disputar en Vallecas. A nadie debe sorprender tan leve reprimenda a la vista de quien preside la entidad, ya que fue él, Martín Presa, quien ha venido soliviantando a la hinchada contra Marcelino a cuenta del desenlace de la campaña 15-16. Entonces puso en el centro de la diana a Marcelino por perder con el Villarreal en El Molinón y se atrevió a establecer una desafortunada comparación entre lo ocurrido en Gijón y la tragedia aérea del avión que se estrelló en los Alpes en marzo de 2015. Dijo el presidente del Rayo: «El Villarreal no tiene nada que ver en todo esto pero, desgraciadamente, es como cuando a Lufthansa se le cuela un piloto loco y les tira el avión». Él también es culpable.