Malditos roedores

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Esa exquisita, refinada crueldad, cuando, en tiempos de guerra, los prisioneros heridos recibían atención médica y, una vez más o menos recauchutados acudían por su propio pie para apuntalar la espalda contra el paredón y recibir los plomazos que les pasaportaban al más allá. Imagino que de esa manera los que ejecutaban tranquilizaban sus conciencias, acaso se sentían dotados de una humanidad que los vulgares mortales exentos de ardor guerrero jamás entenderemos.

Supongo que se han enterado del caso de esa rata atrapada en el agujero de una alcantarilla allá en Alemania. No se trataba de un simpático roedor de los trepidantes dibujos de la Warner creados por Chuck Jones, ni de una de esas limpias y risueñas ratas de nuestra Albufera que, en tiempos de carestía o de frikismo culinario, podía acabar sustituyendo al conejo en la paella dominical. No, era una verdadera rata de cloaca, o sea un bicho que habita entre los residuos y es transmisor de parásitos, gérmenes, bacterías y resto de invisibles enemigos que inoculan enfermedades. Bueno, pues los alemanes organizaron una operación 'liberad a Willy' pero en rata. A lo grande. De milagro no brotó un voluntario para practicarle el boca a boca. Y la liberaron. Final feliz. Lo curioso es que en cualquier ciudad civilizada efectúan varios planes de desratización al año, con lo cual es posible que esa rata muera envenenada por la mano del mismo hombre que la salvó, como aquellos pobres prisioneros de guerra. Influye en este esperpento que indica hasta qué punto se nos ha ido la pinza el público asistente al rescate. Sin la audiencia grabando el suceso supongo que un bombero sensato la habría decapitado de un prusiano taconazo. Pero con tantos ojos mirando a ver quién se atrevía... Actuaron para la galería y sembraron un pésimo ejemplo de cobardía.