Mala educación

ROSA RODRÍGUEZ

Primero echó a Inés Arrimadas: «¿Por qué no te vuelves a Cádiz?». La atacó en esos términos un 17 de noviembre de 2017 vía Twitter porque había afirmado: «Catalunya no se puede permitir cuatro años más de procés». El aluvión de críticas la obligó a recular: «Lamento lo que he dicho. A veces, tendré que contar hasta diez». Desoyendo su autoconsejo, el 3 de octubre de 2018, volvió a la carga: «Es una inepta e ignorante. No sabe de economía, no sabe de inversiones, no sabe de nada. Y siempre hace un mismo discurso derrotista. ¡Debe encontrarse muy mal en Catalunya! ¡Debe echar de menos su pueblo! ¿Quién la obliga a estar aquí?». Y, de nuevo, se disculpaba: «El tuit es una expresión rápida de un momento concreto y a veces te puedes equivocar». Lejos de frenar su incontinencia verbal, su intolerancia ha reincidido. Lo último ha sido arremeter, en la misma red social, contra las nuevas asignaciones de cuatro políticos en este apunte, ilustrado con un cerdo: «Girauta a Toledo; Arrimadas a Madriz; Millo a Andalusia; Dolors Montserrat a la UE. Catalunya aumenta sus exportaciones. Asociación Catalana de Productores de Porcino». La unánime tormenta de reprobaciones contra ella la ha forzado a borrarlo aunque no ha pedido perdón: «Nunca he querido llamar cerdo a nadie. Me duele que haya mucha gente que haya querido verlo así». Núria de Gispert estaba destinada a ser recordada como la primera mujer presidenta del Parlament pero ha preferido pasar a la historia como un trol. Dispara contra todo y todos aquellos que no cuelgan de la cuerda independentista radical. Ha menospreciado como «tonto» a Fernando Grande-Marlaska y Pablo Casado; de «patético» a José Zaragoza; y de «miserable» a Pedro Sánchez y Miquel Iceta. Pero su lista de insultos y agravios xenófobos se ceba con Arrimadas a la que ha calificado desde «choni» a «mona de Pascua». Sobrepasa cualquier línea roja que un personaje de esta catadura no solo mantenga el tratamiento 'molt honorable' sino también que se le vaya a conceder la Cruz de Sant Jordi, la más alta distinción que otorga la Generalitat desde 1981 a quienes destacan por su civismo. Dice el valido de Puigdemont que da «la polémica por zanjada». Quim Torra respalda su reconocimiento porque «premia una trayectoria». La degradación institucional en Catalunya aún no ha tocado su suelo.

Tampoco lo hemos visto todo en el PP. La conmemoración del Dos de Mayo se les está atravesando. Si el año pasado, con el escándalo Cifuentes en caliente, se escenificó el secreto a voces de la enemistad Cospedal-Sáenz de Santamaría, en esta edición la imagen ha sido la cobra de Pablo Casado a Ángel Garrido. El líder del PP pasaba de largo sin saludar al expresidente de la Comunidad de Madrid. El tránsfuga le recriminó su rasgo de «mala educación». Qué cosas. A ver si, como dice Mafalda, el respeto se pone de moda alguna vez.