La Majo se va a los cielos

Manu Ríos
MANU RÍOS

Hoy no quiero ser profesional. Pienso incumplir abiertamente esa máxima que sentencia que un buen periodista no debe jamás mostrar sus sentimientos. Me sublevo ante la mesura, la templanza, el 'dientes, dientes' o aquello de que el show «debe continuar». Este sábado ni puedo ni quiero comportarme como un mueble de Ikea. Ni fría en la ejecución ni solvente como un manual de instrucciones. El corazón se escapa rabioso y llora amargo por ella. Y no pienso ponerle freno. Hoy no.

La muerte de 'La Grimaldo' en mayúsculas, ha tambaleado todos y cada uno de los rincones del alma, del estómago y del buen vocabulario. Debería estar prohibido por ley que la gente buena se muera tan pronto, coño. Entre ella y yo siempre hubo feeling, cariño, verdad, respeto y admiración profesional. Yo no la merecía, Majo sí. Muchas veces me vi reflejada en ella. Fue valiente, luchadora y fuerte pero sensible como una hoja que arrastra el viento. Nos unimos por el dolor que nos generó un miserable de infausto recuerdo. Pero ahora no toca hablar de eso. Hoy no.

Ejercía de maestra de ceremonias de su propia vida y sus creencias, sin dogmas ni florituras. Era tan auténtica que no le hacía falta. Fue una mujer coherente, honesta y luchadora en todas las responsabilidades que ejerció. Su capacidad de trabajo era ilimitada. Sus chicos ya echan de menos el tintineo de sus llaves en la cerradura de casa, nunca antes de las once de la noche. En el poco tiempo que esta vida le ha dejado, tenerla cerca siempre ha sido una gozada.

El periodismo valenciano le deberá siempre mucho. Por profesional y por excelente persona. Una mujer tan íntegra, pasional, cabal, intuitiva, franca, valiente, sensata, audaz, inteligente, cálida, sensible y sobre todo buena, que no se puede ir sin más. Sé que querría que lo dijéramos y lo voy a decir: El periodismo / la comunicación no pueden seguir nublándonos la vista. Es una pasión, una droga por vena, pero debemos preservarnos. Dejar espacio para nosotros y para lo realmente importante en la vida. Al fin y al cabo, solo es un trabajo.

Querida amiga: ahora solo tienes que ocuparte de una cosa. Cuida a los que amas y mata como siempre por ellos. Sabrás encontrar la manera de hacerlo, estoy segura. Nunca te faltará la luz. La misma que tú siempre tenías. Hasta luego carinyet. Ya te echamos de menos. Pregunta ahí arriba si podrías volver, por favor. Y si vuelves avisa. Nos quedó pendiente un café de máquina.

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