maillot amarillo

RAMÓN PALOMAR

Ahora que escapamos de las siestas favorecidas por el Tour de Francia conviene recordar el efecto del maillot amarillo. Usted asume el liderato así un poco de carambola y se viene arriba porque saborear las mieles de la cumbre vitamina el cuerpo una barbaridad. Acaso sea un placebo, acaso dar órdenes a lo subalternos anima mucho. Sea lo que sea, funciona. La encuesta preparada por el CIS se forjó seguramente cuando nos regalaron los sentidos con ese gabinete de ministros que se asemejaban a los pulcros maniquíes del escaparate de una boutique de diseño. ¿Ministro mejor valorado según el sondeo? Pedro Duque, claro, que para eso es astronauta y simpático. ¿Ha hecho algo hasta ahora? No, no ha tenido ni tiempo ni, sobre todo, presupuesto. Pero no importa, en una sociedad dominada por la apariencia y el envoltorio estas fruslerías no impiden el movimiento fertilizado por las corrientes de la simpatía. También, gracias a estos datos, comprobamos de nuevo la pasión hispana por apuntarse al bando del caballo ganador. ¿Oiga, y usted con quién está? ¿Yo? Pues con el que mande para ver si hay suerte y me da algo. El mítico «¿qué hay de lo mío?», hijastro del legendario «¡Colócanos a todos!», sigue vigente en la España actual. Por supuesto, detalle descorazonador, nuestras preocupaciones orbitan en función de lo que escupe el televisor. Si nos bombardean con la corrupción, nos quita el sueño la corrupción; si nos taladran la oreja con el paro, nos solivianta el paro. Ahora es la inmigración irregular la que escala puestos en la lista de nuestros quebraderos de cabeza porque las imágenes de los inmigrantes naufragando remolonean frescas en nuestra sesera. Sin embargo, de esta encuesta me centro en un jirón que invita nuestro optimismo: el posible descalabro de la colación entre Compromís, Podemos y EU.

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