MADE IN VALENCIA

KIKE MATEU

Algo hay en el ambiente. No es polución, no es ningún gas pero la atmósfera de esta ciudad tiene algo que no vemos y que afecta a las personas que se acercan a dirigir el Valencia CF. Solo así me explico todo lo que aquí pasa desde que tengo uso de razón. Mi andadura profesional comenzó con Paco Roig al mando de la nave. Su trayectoria fue como las fallas; construyó un monumento de ilusión a base de palabras vacías y acabó siendo devorado pasto de las llamas de la realidad. Al menos, aquel espíritu del 'Valencia campeón' se lo debemos a él. Cambió la mentalidad del valencianismo y eso ya es para siempre. Desde su marcha Pedro Cortés y Jaime Ortí tuvieron que lidiar con las guerras accionariales posteriores. Guerras púnicas y televisadas sin pudor. Al menos, sobre el césped, se ganaban los títulos. Llegó un punto en el que ya dimos rango de normalidad a que el club fuera un caos institucional mientras se jugaba los domingos. Así llegó Juan Soler primero y Vicente Soriano después. Y empezó la batalla accionarial. Los títulos pasaron de repartidos entre muchos a dominados por un máximo accionista. Hasta nuestros días. Y lejos de estabilizar el club llegó el caos más absoluto. La inutilidad y ego de aquellos dos mandatarios llevaron al Valencia a la situación económica más crítica jamás vivida. Cuatro años después esa mangarrufa oficial todo explotó y apareció Salvo. Y con él Lim. Y así hasta nuestros días. De sus tres primeros años no les tengo que contar nada. Champions con Nuno, Rufete y Salvo, casi descenso dos temporadas cuando Lim se creyó Nerón y dejo al clan de los portugueses manejar el juguete mientras él vendía jugadores sin pensar en las consecuencias. Ese globo explotó y un desesperado Lim lo fió todo -por fin- a profesionales del fútbol español. Dos años de éxito deportivo y económico auguraban un futuro esplendoroso para su empresa. Y justo en ese momento, ese algo que se respira en esta ciudad y que enloquece al personal le hace volver tres años atrás. Al momento de máxima oscuridad del club para volver a cometer los mismos errores. ¿No ha aprendido nada? ¿El ego de no ser el héroe de la empresa le carcome? ¿A un singapurense que manda nadie osa decirle no? ¿Mendes se ha puesto nervioso viendo el movimiento en manos de otros? ¿No le importa que la empresa funcione por fin? ¿Qué carajo le pasa por la cabeza para volver al caos? Porque, no lo duden, desde aquella semana de julio en la que Lim decidió volver a mandar y cargarse a Alemany, nada ha vuelto a ser como antes. El Valencia es de nuevo una terrible y triste guerra interna de poder. De final muy predecible puesto que ya lo hemos visto muchas veces. Y nunca acaba esta autodestrucción absurda de una entidad tan grande. Antes con los de aquí y ahora con los de allá. Qué pena, con lo bien que iba todo.