LOS LUNES, AL CINE

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Daba igual que tu trabajo diario fuera informar sobre el Ayuntamiento, la agricultura o el conflicto de Oriente Medio: en los años sesenta, en los periódicos valencianos, los lunes había que ir al cine y regresar a la redacción para escribir el comentario crítico de una película. O de dos, a criterio del veterano redactor que organizaba la operación y el reparto de entradas. Así era la costumbre en una ciudad donde todos los estrenos se programaban los lunes y donde el público, los martes, compraba más periódicos, precisamente para leer las críticas de las películas estrenadas.

La costumbre cambió en los años setenta, cuando las salas diversificaron sus días de estreno. Pero hace cincuenta años, en 1969, todavía se atendía con rigor la costumbre y todavía había dos redactores, Ricardo Dasí Gadea (senior) y Alejandro García Planas, que ejercían la labor de pastorear a una redacción donde entrar como becario te enrolaba de inmediato en la misión de ir los lunes al cine, para ver incluso tres estrenos consecutivos.

Cines y teatros guardaban sus mejores películas para el entonces llamado Sábado de Gloria. Ese día mismo, el domingo de Pascua o el inmediato lunes festivo, los plumillas sabíamos que era difícil librarse de un estreno de cine sin ganas; sobre todo porque los redactores consagrados se reservaban las funciones de campanillas en el teatro Principal o en las salas Rialto y Olympia, que entonces programaban cine. El aprendiz de periodista sabía que la Mona de Pascua se la tenía que comer cerca de la ciudad y que a las siete de la tarde, con aroma de huevo duro, tocaba un estreno. A sabiendas, además, de que el 'cine raro' -Polansky, Pasolini, Resnais, Saura...- se lo endosaban con regularidad a los jóvenes, «que sois los que entendéis de esas cosas.»

Repasar la lista de estrenos de aquella Pascua en nuestro Almanaque no emociona especialmente. Hubo alguna oferta interesante, como 'Desde la terraza' de Mark Robson, o ver a Shirley Mac Laine en 'Los pecados de la señora Blossom'. Pero lo que inunda de ternura y nostalgia es comprobar que solo el cine Lys sigue al pie del cañón y que en medio siglo la ciudad ha perdido, entre otros, los Eslava, Artis, Paz, Martí, Gran Vía, Rex, Lauria, Serrano, Avenida, Suizo, Goya, Capitol, Aula 7...

Pero ese año 1969, el cambio de programación de la Pascua trajo de acompañante la nostalgia y el dolor. Porque después de las funciones especiales de la semana fallera, el teatro Apolo, un veterano de los escenarios valencianos, decidió cerrar sus puertas para siempre. La compañía de revistas de Colsada ofreció en sus tablas una última función en los días finales de marzo; se puso en escena el espectáculo musical 'Vengan maridos a mí', con Mariam y el valenciano Adrián Ortega de protagonistas.

Fue un momento para que los redactores más veteranos recordaran con afecto la historia de un teatro que abrió sus puertas en 1876, solo diez años después del nacimiento de nuestro periódico. Su vocación lírica, las espléndidas veladas de zarzuela, los estrenos memorables, las noches de ensueño con los mejores cantantes y artistas fueron motivo de evocaciones emocionadas: aquí estrenaron Serrano y Thous su popular pasodoble 'El Fallero'; aquí, una noche, doña Concha Piquer tuvo al público en pie durante minutos interminables; aquí, durante la guerra, habló tal o cual político...

El cambio inmobiliario de la ciudad acabó con el coquetón teatro de la calle de don Juan de Austria, que había estado también presente en los primeros compases del cine. También derribó un edificio vecino, que había sido sede del periódico 'El Pueblo': un moderno complejo comercial y de oficinas estaba al llegar. Muy poco después, el proceso de dura transformación urbanística de los años setenta habría de traer a esa misma calle al primer gigante comercial de la ciudad, El Corte Inglés.