NO A LOS LUNES

JOSÉ MARTÍ

No es sencillo saber decir «no». Un sabio escribió que un «no» a tiempo evita muchos disgustos futuros. En general, cuesta mucho decirlo sin sentirnos culpables o pensar que lastimamos a alguien. Por eso resulta fácil admirar a la gente que suelta un «no» sin añadir nada más. No porque no. A algunas personas ese «no» se nos hace una palabra larguísima, que reemplazamos por otra que ni siquiera es sinónima. Pero la respuesta negativa no tiene por qué ser positiva. Hay otro tipo de gente adusta, no tan admirable, de ordeno y mando, que tienen el «no» en la boca por sistema, como un modo de hacer valer y demostrar su autoridad.

Ahí tienen a Tebas sin ir más lejos. Tras años de rotunda intransigencia con los partidos de los lunes -«no es no y punto»- por fin parece haber escuchado los lamentos de los equipos sin competición europea condenados reiteradamente a jugar viernes o lunes. Il Capo siempre ha hecho oídos sordos a las quejas contrarias a los partidos en lunes como la de anoche en Butarque. Ahora por fin se ha percatado de que -no sabemos si el detonante han sido esas protestas de gradas vacías- jugar el último partido de la jornada el primer día de la semana, en día suelto, descolgado, laborable y con todo disputado, no sólo es un incordio para los aficionados, sino que también le resta emoción. Así las cosas, el partido de ayer en Leganés puede ser el último que juegue el Levante un lunes. Veremos. La medida, según Rubiales, empezará a aplicarse a partir de la próxima campaña. Una cosa es clara: los lunes no son para el fútbol. Como reza la famosa canción sesentera 'Monday Monday' de Mamas and the Papas, «cuando llega el lunes me puedes encontrar llorando todo el tiempo», aunque no precisamente por lo sucedido anoche. En el fondo, somos de los antiguos que añoran seguir todos los partidos desde la grada el domingo a las cinco de la tarde consultando el marcador simultáneo Dardo, con la emoción de la quiniela y el transistor sintonizando Carrusel orientándonos con el significado de los carteles de Licor 43 o Reloj Radiant en el Helmántico o el Plantío. Eran otros tiempos. La televisión y el fútbol moderno con las audiencias, sus contratos millonarios, los patrocinadores y las estrategias de las franjas horarias con todo retransmitido obligan -según parece- a escalonar diez encuentros sin solaparse. El dilema ahora será encajar toda la jornada en fin de semana incrustando con calzador partidos, por ejemplo, el domingo a las dos de la tarde. Y por ahí tampoco pasamos. Mi querida esposa ya ha advertido de que esas son horas para comer en familia disfrutando del feliz descanso dominical, no para ir al fútbol. Así que, Tebas, mucho ojo con lo que decidís. No vayamos a desnudar un santo para vestir otro. A vertido queda. O no.