SIN LUGAR PARA LA FIESTA

El Ayuntamiento es incapaz desde hace lustros de encontrar un sitio para ferias, eventos o conciertos multitudinarios

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Cada año la misma historia y siempre me acuerdo del fallecido José Luis Garcelá, presidente de la Asociación de Feriantes. Valencia no sabe qué hacer con un festival, fiesta o como se quiera denominar que reúna a miles de personas como ha sido el caso este viernes de las paellas universitarias. Es una ciudad incómoda ante esa situación, que este año además ha sufrido un gobierno municipal con claros gestos de novato pese a que estamos en el último año de mandato.

Me acuerdo de José Luis porque todos los años tenía el mismo problema, tanto en verano como en navidades, para encontrar un lugar donde colocar las atracciones. La Alameda, el Grao, cualquier ubicación era mala para el concejal de turno. Incluso llegó a plantear, y lo contamos así, comprar a escote de cada feriante unas parcelas enfrente de l'Oceanogràfic que se quedaran el resto del año para las actividades que dispusiera la ciudad. Ni por esa logró un lugar estable. El gobierno del PP tenía otros planes para el triángulo de oro, que por cierto no saldrán adelante.

Este gobierno tripartito tampoco ha conseguido en cuatro años solucionar este problema como ha pasado con tantas otras cuestiones. Era lamentable observar a los jóvenes saltar por encima de un quitamiedos junto a la autovía de El Saler para llegar a la explanada donde la empresa organizó la fiesta tras el rechazo de Moncada. Un pateo que fue dejando su correspondiente basura tanto a la ida como a la vuelta, para mí lo menos importante en esas circunstancias.

Las últimas decisiones del gobierno encabezado por Ribó han sido ampliamente cuestionadas. Justo hace una semana, el Ayuntamiento organizó un concierto en la plaza del Mercado, al lado de la Lonja y los Santos Juanes, el lugar icono de la madre de todos los botellones falleros de este año. Después soltó un globo sonda acerca de prohibir el botellón fuera de las verbenas falleras, un guante que no fue recogido por las comisiones, sabedoras que el mandato está acabado y que lo que deba ocurrir en 2020 puede negociarse con otros partidos.

Todavía queda un mundo para las municipales, pero las autonómicas serán como el resultado de ida en una final a doble partido y el asunto está más abierto que nunca. Como muestra un botón, el resultado de una porra realizada la otra noche en una cena a la que acudieron nueve periodistas. Cinco se decantaron por la reedición del gobierno tripartito (ojo, tres con Sandra Gómez como alcaldesa) y los otros cuatro por la alternativa formada por el PP, Ciudadanos y Vox, con una de las opciones con Fernando Giner como alcalde, dos para María Jose Català y la última empatados. Más igualado imposible.

Visto así, no es de extrañar el escaso éxito de la mesa convocada por el concejal Fuset para plantear medidas contra el botellón en las Fallas de 2020, o que las paellas universitarias hayan sido esta semana el ejemplo perfecto de lo que ha sido la gestión política del Ayuntamiento estos cuatro años. Contradicciones desde el primer día e información sesgada y filtrada de las decisiones del gobierno municipal, como la denuncia de la Policía Local en el juzgado contra la empresa.

Pero el tema es que ha pasado otro mandato sin que la ciudad disponga de una explanada donde celebrar conciertos o eventos de este tipo. La Marina está tramitando la gestión de su recinto, pero vistos los precedentes con las paellas, estoy seguro de que el Consorcio será muy selectivo a la hora de aceptar algo de este calado. Y de pabellones mejor no hablar, después del tirón de orejas de Juan Roig del otro día para que se acelere la construcción de la nueva cancha del Valencia Basket, donde el Consistorio pone el solar. La concejalía de Desarrollo Urbano ha estado cuatro años desarrollando una alternativa al Plan General que dejó inacabado el PP, sin que haya constancia de una reserva de suelo para este uso. Luego nos quejamos de que Valencia esté fuera de las giras de los grandes grupos.

Con lo que ocurrió con el nuevo estadio del Valencia, un monumento de hormigón a la mala gestión tanto pública como privada, entiendo el resquemor de dar otro pedazo de ciudad a un club por lo que pueda pasar, pero hay decisiones que no pueden esperar y esta semana se ha demostrado que la más urgente es elegir un lugar para los macrofestivales en Valencia. Y no sirve lo que dice un compañero víctima de los decibelios de las verbenas falleras, cuando apunta a llevar todas al lecho del nuevo cauce. Ese emplazamiento lo quiere Ribó para hacer su jardín del Turia.