Que llueva, que llueva

ISABEL FERRANDO

No sé ni cuantos conatos llevamos ya en la Marina Alta en lo que va de verano, pero han sido muchos. Tenemos todos el corazón encogido de ver lo que ha pasado en Lluxent, que tampoco está tan lejos, y no conozco absolutamente a nadie -a nadie oriundo de aquí- que no se alarme cuando escucha el sonido de las aspas de un helicóptero.

A pesar de que en invierno llovió bastante, este verano está resultando especialmente caluroso y seco. Pasados aquellos tiempos en que los usos tradicionales de los montes permitían una limpieza 'natural', lo que tenemos son parajes naturales prácticamente vírgenes, repletos de combustible que antes sí se retiraba, y con una nada asombrosa prevalencia de especies a las que muchos llaman 'pirófitas'.

Esos preciosos pinos que pueblan nuestras tierras contienen resinas altamente inflamables y basta la más mínima chispa, provenga o no del ser humano, para hacerlos prender. Un rayo sirve. El fuego, no lo olvidemos, forma parte del ciclo natural, pero eso no quiere decir que nos tenga que gustar ni que hayamos de conformarnos.

Muchas veces, cuando sucede una tragedia, buscamos culpables. En el ámbito político, cuando algún partido busca réditos a cualquier precio, el espectáculo suele ser lamentable, pero no carece de palmeros. Los demás, cuando esto se produce, miramos de reojo y pedimos una simple cosa al cielo: por favor, que llueva.

Ayer cayeron unas cuantas gotas en diversos puntos de la comarca. No fue suficiente para calmar la sed de nuestros montes. Daban también lluvias para hoy, y para mañana, pero el mal tiempo últimamente lo único que nos trae son nubes furiosas y rayos incendiarios.

Y necesitamos que llueva. Que llueva sobre los pueblos y sobre las piedras. Que llueva sobre los pinos del Montgó y los lentiscos del Segària. Que llueva sobre las tierras fértiles de Les Valls, sobre los campos de arroz, sobre los almendros de Xaló. Que llueva sobre los riuraus que guardan las pasas, sobre los coches, sobre las bicicletas, sobre los bañistas que están en la playa.

Que llueva sobre los adoquines, sobre el asfalto, sobre las vías vacías del tren, sobre la fábrica del gas, sobre las iglesias, sobre los ateos, sobre los bares y sobre las terrazas.

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