LA LLAMADA

CARLOS PAJUELO

Te acuerdas de Santa Bárbara si truena. En esencia es que te rascas cuando te pica.

Viene esto a cuenta de que leo, con extrañeza, que ante la convocatoria adelantada de elecciones faltan personas para completar listas. La promesa de convocar de inmediato se hizo humo cuando Sánchez cambió, dice él, el colchón; uno nuevo en su nueva casa de La Moncloa le hizo reflexionar y acarició la eternidad del mando. Será lo que algunos expertos llaman «la erótica del poder».

Es el caso que la falta tradicional de convergencia con los autonomistas y agotadas las posibilidades de una votación con el viento a favor para los presupuestos, Sánchez se ve obligado- supongo que a su pesar- a hacer aparecer en la hoja del BOE la disolución de Las Cortes y la convocatoria de elecciones.

Hasta aquí nada nuevo.

Muchos se han visto sorprendidos por la celeridad y les ha cogido con el paso cambiado y mire usted que estaba claro.

Hay que presentar unas listas que al ser cerradas se completan con gentes de poco nombre o poco fuste, dejando al aire las vergüenzas de los partidos que solo parecen cuidarse de las cúpulas, dejando a las maniobras los inciertos puestos de salida.

Colocados los compromisos, al líder o lideresa local le toca rellenar. Los móviles, los wasaps, los emails, las antesalas echan humo. Se ha abierto la ventana de una oportunidad de pescar en el río revuelto.

Llaman y llaman mucho. Son ese tipo de llamadas que recibes cuando algo depende ti. Parecido a las llamadas paternales o maternales para empujar la clasificación en un ingreso en un colegio a principio de curso o a solicitar la mejora de unos decimales en la nota final de un examen ídem.

¡Soy fulano o mengana! ¿No te acuerdas de cómo nos reímos en la boda de X? Si, hombre sí. Estábamos en la misma mesa y yo llevaba una corbata de lunares o un sombrero con frutas exóticas- en el caso de ella.

Traducido esto al mundo político se debe echar mano de votos a aportar, de relaciones pasadas y sobre todo al masaje virtual de lo bien que lo estás haciendo fulano. Siempre igual.