LA LISTA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Valencia en el mapa. En el de la cocaína, concretamente, pues figuramos en la lista de las diez ciudades que más partículas farloperas ofrecen en las catacumbas de los residuos legamosos de las alcantarillas. Ganamos a Madrid pero nos supera Barcelona. En principio podríamos concluir que existe cierta tendencia al engolfamiento en esta orilla del Mediterráneo. Nos gusta el lirili, el lolailo, la calle, el garito, la rumba, el mambo, el chachachá, las copas y, según estos análisis, darle fuego a la napia de vez en cuando. Acaso los jirones de la exinta ruta del bakalao siguen presentes, no lo sé.

Pero me asombra toparme en el top ten con tres ciudades suizas: Zurich (400.000 habitantes), Ginebra (200.000) y Basilea (170.000). Los suizos son, pues, los verdaderos campeones del esnifamiento en esta viciosa Europa aunque no lo sospechábamos. Son tan discretos que incluso para atizarse proyectan mentalidad de secreto bancario. Claro que, bien pensado, el dato puede aplastarnos por su lógica. La coca es la droga de los ricos, de los ejecutivos, de los faranduleros libertinos que ingresan recios dineros. El calimocho, la litrona, el canuto, las anfetas, siempre fueron baratas anestesias de extrarradio para amortiguar desdichas. Sin embargo en la pulcra suiza de las multinacionales, los bancos y los chiringuitos difusos de olimpiadas y solidaridades mundiales, la circulación de pasta gansa produce severas vibraciones nasales. En su última y monumental novela «La frontera», el autor Don Winslow narra en una trama los lazos entre los narcos y los bancos que lavan dinero invirtiendo en rascacielos. Un banco en apuros, lo vimos en la pasada crisis, dispone de suficiente ingeniería financiera como para aceptar el dinero que brota del polvo blanco. En Suiza, además del reloj de cuco, abunda la mandanga.