Libertad

¿Podría haberse hecho escarnio del atentado contra Charlie Hebdo? ¿Qué se habría conseguido con ello?

ANTONIO SOLER

Por estos días se publica 'El colgajo', un libro de Philippe Lançon. Aquellos que tengan muy buena memoria o una erudición rampante recordarán, sabrán, que Lançon fue uno de los supervivientes del ataque terrorista a Charlie Hebdo en enero de 2015. El libro relata la vida de Lançon desde el día en que se produjo el atentado y cómo después de recibir varios disparos -uno que le destrozó la mandíbula inferior- fue recomponiendo su vida, entre dolorosas y numerosas intervenciones quirúrgicas, mensajes de apoyo, soledad, solidaridad, escoltas, ansiedad, indiferencia hacia todo lo que le rodeaba y esperanza. Y, sobrevolándolo todo, una reflexión siempre pertinente. La libertad de expresión.

Supuestamente, la libertad de expresión fue el desencadenante del atentado contra esa revista transgresora e irreverente. Caricaturas de Mahoma. Desde su nacimiento esta publicación siempre ha jugado a eso. Provocaciones hacia un lado y hacia el contrario. Sacudir al pequeño burgués parecía su divisa. A costa de lo que sea. ¿De lo que sea? ¿Se puede hacer burla de todo? Una cuestión pasa de puntillas por el libro. ¿Podría haberse hecho escarnio del atentado contra Charlie Hebdo? Y hay otra cuestión. Qué se habría conseguido con ello. La mirada de Lançon después de que los terroristas salieran de la sala de reuniones donde se produjo la mayor parte de la masacre quedó fija en los sesos de un amigo, derramados por el suelo. No podía apartar la vista de esa imagen. ¿Hay algo cómico en ello? Si lo hay uno no alcanza a verlo.

Algo más cercano en el tiempo y en la geografía. ¿Hay algo cómico o irónico en que un niño de dos años esté atrapado a sesenta metros bajo tierra y sus padres no sepan si está vivo o muerto? Un presunto escritor dice que sí. Y se puso a hacer bromas sobre el asunto y a difundirlas por las redes. Ha sido llevado ante los tribunales. Además de libertad de expresión alegó que estaba haciendo literatura. Philippe Lançon hace literatura en 'El colgajo'. Ese otro escritor hacía mofa y trataba de conseguir notoriedad a costa del sufrimiento ajeno. Lo del deseo de notoriedad es común a cualquiera que escribe y entrega lo que hace a la imprenta. Pero hay límites. Si no legales, que los hay, también los hay morales, éticos, humanos o no se sabe cómo llamarlos para no parecer uno de aquellos profesores carcas que nos decían que no había que confundir la libertad con el libertinaje. No. Hacer burla de un atentado terrorista o con la probable muerte de un niño y la angustia de sus padres no tiene nada que ver con el libertinaje ni con la libertad sino con la brutalidad y la bajeza. Más allá del código penal se trata de encontrar el equilibrio. La proporción entre el bien social, artístico o de la índole que sea que se consigue con una caricatura o con un escrito y el daño que origina. Sencillamente, qué se gana y qué se pierde.