Liberales y cristianos

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

De momento es sólo el sumario, la investigación de la UCO, grabaciones de conversaciones del expresidente de la Generalitat y exministro Eduardo Zaplana, no hay todavía nada juzgado, ni siquiera se ha abierto juicio contra los investigados, hay que mantener por tanto la presunción de inocencia, pero lo que está saliendo a la luz tras levantarse el secreto de la instrucción judicial viene a certificar una vez más la vieja teoría aplicada entonces -años noventa del siglo pasado- a las desavenencias entre populares y regionalistas en el Consistorio del cap i casal: pesa más el cemento que el acento. Los de Barberá y los de Lizondo podían discutir hasta la eternidad acerca de si Valencia había que escribirlo en valenciano con el acento abierto, cerrado o sin acento, que es lo que al final consiguió aprobar el líder unionista, Ajuntament de Valencia. Pero cuando parecía que la tragedia estaba a punto de desencadenarse, que cada uno iba a tirar por su camino con un despectivo y definitivo hasta aquí hemos llegado, ahí te quedas que no te aguanto más, siempre había un motivo para seguir unidos en matrimonio, puede que no del todo felices pero sí al menos hartos de perdices. El cemento, en efecto, une más que cualquier acento identitario o diferencia ideológica. Fijémonos en el 'caso Erial', las presuntas comisiones que Zaplana habría cobrado procedentes de las empresas de la familia Cotino a cambio de adjudicaciones públicas. Quién lo hubiera dicho, Zaplana y Cotino, Cotino y Zaplana, haciendo negocios -fraudulentos-, con el poco cariño que se profesaban en los tiempos en que el expresidente mandaba (y mucho) en el palau de la Generalitat y en el partido, veía a la alcaldesa Barberá no como un activo sino como un peligroso rival, maniobraba todo lo que podía y más contra ella y mientras tanto en la plaza del Ayuntamiento la primera edil se rodeaba de unos pocos fieles entre los cuales jugaba un papel principal el concejal y posterior director general de la Policía, conseller, presidente de Les Corts y no sé cuántas cosas más... Un liberal 'avant la lettre' como Zaplana, representante genuino de un PP más abierto a las nuevas tendencias sociales y poco interesado en cuestiones morales como el aborto, y un democristiano de toda la vida como Cotino. Tan separados en todo, en educación, en sus formas y maneras, en sus hábitos y costumbres, tan lejanos, tan distanciados... y tan cercanos, tan interesados el uno en el otro, tan predispuestos a arrinconar diferencias para encontrar juntos los mejores caladeros donde pescar. A la vista está que el célebre ¡cuerpo a tierra, que vienen los nuestros! tiene excepciones. Para que luego digan que las corrientes o las familias en un partido son irreconciliables. No al menos en el PP valenciano, no en el de Zaplana y Cotino.