Una lejanía pasmosa

Gobierno y oposición se atizan de espaldas a la realidad de la calle

IGNACIO GIL LÁZARO

Casi cincuenta mil millones de euros han salido de España desde que Pedro Sánchez tomó posesión hace tres meses. El pasado treinta y uno de agosto, trescientas sesenta mil personas perdieron su empleo. Los salarios siguen siendo bajos y la precariedad laboral alta pero el coste de la electricidad ha superado su máximo histórico. La previsión gubernamental es que continuará al alza. También la factura del agua. La cesta de la compra es más cara que hace un año y el precio del alquiler de la vivienda se ha disparado. Por su parte, el incremento de la fiscalidad del gasoil supone una carga añadida para el bolsillo de muchos y en especial para los trabajadores autónomos de determinados sectores. Como cada septiembre, el inicio del curso escolar ahoga el presupuesto de las familias. Estos son algunos de los problemas cotidianos que afectan de verdad a la vida de todos. Sin embargo, parece que a los partidos les importan muy poco las urgencias ciudadanas. Gobierno y oposición se atizan de espaldas a la realidad de la calle. Una lejanía pasmosa. Cuando además la economía occidental apunta riesgos de desaceleración con los peligros que eso conlleva y los principales gobiernos europeos se ponen manos a la obra para estar preparados si llega el caso, aquí en cambio el lío de los masters y la polémica sobre la tesis doctoral de Sánchez es lo único que ocupa a unos y otros. Prueba de la raquítica clase dirigente que hoy sufre España por la devaluación intelectual y ética del perfil de los políticos. Evidencia cuya responsabilidad corresponde a la estupidez colectiva y en parte a aquellos creadores de opinión que ahora se rasgan las vestiduras. Quienes en este momento claman contra la medianía, la ineficacia y la picaresca que anida en la vida pública son los mismos que hace poco se mostraban indiferentes ante la necesidad de contar con políticos de trayectoria intachable y experiencia contrastada. Había que «renovar» decían como si la suma de prestigio y saber pudiera repartirse en una feria o cupiera improvisarla a bote pronto. Ahora toca pechar con las consecuencias. Que la política española se haya llenado de picaros e indocumentados no es por tanto ajeno al silencio acomodaticio de cuantos optaron entonces por no contradecir el discurso demagógico gestado en ciertos medios y hecho posible desde luego gracias a la indolencia y al enquistamiento de los grandes partidos. Así pues a estas alturas sobran ya monsergas tardías. Si se sustituye el mérito y la capacidad por sujetos de tercera las cosas terminan mal salvo para quien gracias a ello acaba comprando un chalé de seiscientos mil euros y tiene la cara de ir aún disfrazándose de pobre. En esas estamos. Cinismo y frivolidad desbordadas. Solo faltaba escuchar a Sánchez sosteniendo que la dimisión de Montón ha sido ejemplar cuando se ha tenido que ir por hacer trampas y mentir. Desfachatez a granel. La técnica habitual. Otra tomadura de pelo.

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