Leche de vaca, ¿Asesinato embotellado?

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Por toda Europa se extienden acciones violentas de grupos veganos (vegetarianos extremos) contra ganaderos, carniceros, pescadores, pescateros, restaurantes... No les basta con haber optado por no comer carne ni ningún tipo de producto derivado de animales, terrestres o acuáticos. Tampoco les parece suficiente realizar libremente actividades de proselitismo, tratando de convencer a otros para su causa, lo cual tampoco acabaría de entenderse, porque no tiene sentido que alguien se empeñe en conseguir que el de enfrente deje de comer lo que le gusta y se pase a otras cosas, de manera muy limitada y por obligación sin razón científica que lo justifique. Pero, vamos, con educación, civilizadamente, todo vale, cualquier rareza se acepta. Escuchas al predicador de turno, le das las gracias y cuando te cansas le dices que tienes prisa, y a otra cosa.

Sin embargo están proliferando grupos de activistas de esta religión agroalimentaria muy radicalizados que optan por maneras violentas; en unos casos con estrategias que se limitan a exhibir eslóganes que buscan criminalizar a los consumidores de alimentos derivados de animales y a quienes los producen, abastecen o preparan; en otros empiezan ya a pasar a mayores.

«La leche, asesinato en botella», reza uno de estos lemas extremistas. Y se quedan tan panchos. Pero como no ven resultados palpables, no notan que la ciudadanía se pase en masa a su causa, han empezado a desplegar ataques contra instalaciones ganaderas, camiones de transporte de animales, mataderos e industrias cárnicas, granjas de todo tipo, incluidas las lecheras y de huevos, establecimientos de venta... En Francia apedrean las ventanas de restaurantes acreditados por la calidad de sus carnes, realizan pintadas en puertas y paredes e insultan a quienes entran y salen. En el Reino Unido amedrentan a los granjeros, y en Suecia, quién lo iba a decir en un país con tanta fama de pacífico, la agresión predilecta consiste en señalarlos como explotadores y asesinos de animales.

La situación está alcanzando tal nivel de violencia verbal, moral y física que ganaderos, carniceros y cocineros están pidiendo protección a la policía. El asunto ha sido ya tratado en el COPA-COGECA, organismo que agrupa a las organizaciones agrarias de la UE.

No es un asunto residual, aislado o protagonizado por cuatro majaretas ocasionales. Van a más, están organizados y pueden ser peligrosos. Tan peligrosos como que pueden poner en jaque todo el sistema productivo y la alimentación sana y suficiente de la población. Es necesario que las autoridades se lo tomen en serio y actúen en los terrenos de protección, prevención y educación. Para empezar, retirando que lo mejor es comer de todo, incluyendo de vez en cuando carne, pescado, huevos, leche, quesos... Y explicando que la inteligencia humana inició la clara evolución hacia lo que somos hoy cuando nuestros ancestros tuvieron que empezar a comer carne para sobrevivir. Aquellos primeros 'chutes' de proteína animal facilitaron el desarrollo del cerebro y de ahí la asunción paulatina de nuevas habilidades. Incluida la capacidad de manipulación que esgrimen tantas personas a diario, como esto de considerar que beber leche de vaca es el principio de un asesinato.

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