Lecciones de otra investidura fallida

CARLOS FLORES JUBERÍAS

Aunque todavía tardaremos semanas en conocer con detalle todo lo que sucedió en los días previos a la frustrada investidura del pasado jueves, y aun más en tener claro cual de las dos 'dramatis personae' en liza acabará imponiéndose en eso que los cursis llaman «el relato», quizás no sea demasiado temprano para ir avanzando ya algunas conclusiones. Más que nada porque al margen de las interpretaciones subjetivas -y, por ello, interesadas- de unos y otros, de lo sucedido la pasada semana en nuestro país sobresalen algunos hechos incontrovertibles que a buen seguro querremos tener presentes cuando nos toque posicionarnos políticamente en las lizas que se avecinan.

El primer hecho, tan obvio que hasta resulta de Perogrullo, es que la anunciada investidura de Pedro Sánchez no se produjo. Lo que coloca al líder socialista, al que ya en 2016 le cupo el dudoso honor de ser el primer candidato a presidente del Gobierno en fracasar en su empeño, en la todavía menos airosa situación de haber repetido fracaso por segunda vez -y con mayor bochorno si cabe, toda vez que si en su primer envite apenas arañó 131 votos, en este segundo se quedó en 124-. Un dato, diría yo, que casa regular con esa imagen de macho alfa y triunfador nato que sus asesores pretender seguir dándonos, y que quizás el ciudadano de a pie debiera reconsiderar.

El segundo, no menos indiscutible, es que las negociaciones previas a la investidura revelaron que si bien durante la campaña electoral Sánchez se había mostrado capaz de entusiasmar a los votantes socialistas hasta el extremo de incrementar significativamente sus resultados -bien es cierto que a partir de los porcentajes de voto más bajos cosechados por el PSOE desde la instauración de la democracia- su capacidad para fraguar alianzas más allá de las siglas de su partido se ha revelado nula. Más aun: peligrosamente nula, en un contexto en el que las mayorías absolutas no están ni se les espera próximamente. Que después de tres meses de supuestas negociaciones Sánchez no lograra sumar más apoyos externos que el del PRC cántabro habla por sí solo.

El tercer hecho es que, una vez más, Sánchez e Iglesias han sido incapaces de fraguar un pacto de Gobierno. Ni tres meses ni dos votaciones han sido suficientes como para que sus respectivas formaciones suscribieran ni siquiera un acuerdo programático sobre el que sustentar un gobierno. Lo que sumado a experiencias anteriores obliga a pensar que la congénita -por tener su origen en su propio nacimiento- incompatibilidad entre Podemos y el PSOE va a imposibilitar contar con un gobierno de izquierdas en España hasta que los electores no se decidan por una sola de ellas, y devuelvan a la otra a la marginalidad política y la irrelevancia parlamentaria. Y es que cuando aun está por ver -caso de Madrid- si la derecha va a ser capaz de vertebrarse como una alternativa de poder, la izquierda ya ha demostrado su incapacidad para serlo.