Las Lamentaciones de Jeremías

Encallado y sin dinero, el Botànic parece el barco de Baleària que hay que desguazar sobre la marcha

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

En lo más hondo de la noche, en la calle del Almirante se oyen hirientes sicofonías:

- Ai, Vicent, carinyo, no m'ho retalles...

Las Lamentaciones de Jeremías se quedan en nada al lado de los angustiosos gritos que provocan en Compromis los recortes presupuestarios para 2020, imprescindibles e insoslayables.

- ¿Y lo de la finaciación cómo va? Se me han acabado los ojos en puras lágrimas, Vicentet.

El que fuera decano de Económicas, sin embargo, está duro. No en balde es de Rocafort y se encerró con otros nueve en Alaquás. No cede, se remite al bloqueo financiero-político, se cabrea y deja el acta de diputado en las Cortes Valencianas. Cada día envía la ira de Mónica Oltra, grabada en MP3, a la secretaría de la ministra de Hacienda. Durante la semana, el desencuentro entre socialistas y nacionalistas valencianos se ha hecho tan agrio que ha alimentado el argumentario de José Luis Ábalos contra la posibilidad de un gobierno de coalición con Podemos. Todo lo que ha dicho sobre la necesidad de cohesión, sobre la unidad de propósito, también sobre la virtud de la humildad, rebatía a los que han venido proponiendo al tripartito valenciano como modelo a seguir en la Moncloa.

- No me retalles la despesa, carinyet: endus-te la cansalá de la Sanitat, pero deixam la punteta del magre...

Esta semana lo han probado todo, pero sin éxito. Primero jugaron con los conceptos y hablaron de ajustes después de haber hecho circular, imprudentemente, la palabra recortes, que solo debe ser aplicada para la maldita Galaxia Rajoy.

- Son a-jus-tes. ¿Está claro?

Pero ni por esas. La prensa, rebelde, no ha tragado con una operación de transmutación que se está pareciendo cada vez más a la de Baleària con su buque 'Pinar del Río', estrepitosa, asombrosamente encallado en la escollera de Denia, al que se le ha borrado el nombre de la compañía para eludir las fotografías de los mirones que acuden a ver el desaguisado. Nadie ha tenido aún la gentileza de decir qué pasó y quién debe ser tenido como responsable. Pero, ante los ojos del mundo se va a producir una de las operaciones más complejas y radicales de la historia del mar, muy parecida, si bien se mira, a la que podría acabar pasándole al Botànic, encallado sobre las rocas de austeridad de la calle del Almirante... hasta que le borren el nombre y empiece el desmontaje pieza a pieza.

El presidente, que no gana para disgustos, ya no recuerda si alguna vez ha tenido vacaciones. Y teme ser llevado a otras elecciones. La idea que ha propuesto como bálsamo para las irritaciones de Oltra es ir a ver a la ministra de Hacienda y escenificar en Madrid un lamento en Si bemol Mayor, música que gusta mucho al nacionalismo local. Mientras tanto, a Soler, bajo los «socarrats» medievales de su palacio, se le oye declamar la Lamentación 27: Bueno es para el hombre aprender a llevar el yugo desde la juventud...