LÁGRIMAS DE FÚTBOL

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Me gustan los septiembres de verdad. Como el que vivimos. De rayos y truenos. De tormentas vespertinas. De esas que me devuelven a la infancia, de tardes lánguidas que envolvían de tristeza la vuelta al colegio. Septiembres como puerta al otoño, donde la luz del día es más corta y la noche se alarga. Septiembres de fútbol, de inicios de liga, de otra época. Hace unos días me llamó Miquel Nadal. Antes que sonara el teléfono, Nadal me preguntó con su virtuosa prudencia si podía molestarme en mis últimos días de vacaciones. Nadal nunca incordia. Y en esa llamada, y espero que comprenda que revele el contenido de nuestra conversación, me confesó la ansiedad que le provocaba el fútbol moderno. Chorradas e inventos que son el camino más recto para llenar de cemento los estadios. Cada temporada presiento con más fuerza que la esencia de aquel otro fútbol, del añorado y querido, es un ingrediente en peligro de extinción. El Levante premia la fidelidad con la gratuidad de sus abonos. Una fórmula que por ahora funciona para dar salud a la grada de Orriols. En el Valencia, el centenario y la Champions han sido un bálsamo. Pero que nadie cante victoria si llegan tiempos peores, donde el batacazo siempre es más doloroso porque se cae a plomo. En su última comparecencia pública, el director general del Valencia, Mateo Alemany, verbalizó con claridad la situación actual del fútbol español. Alemany es un tipo listo e inteligente. No sé en qué porcentaje se reparten esas virtudes en la persona del hombre milagro del Valencia, pero nadie negara que la experiencia que acumula en su petate hace que tenga tanta mili que cada una de sus palabras son dogma entre el valencianismo. El director general justificó casi sin querer el partido de la Liga en Miami. Con buenas palabras y suavidad. Para quitar aspereza a la figura de Tebas, al dinero de los derechos de la televisión, al maná para fichar a los mejores jugadores y como mal necesario para que el Valencia pueda competir con los grandes. Y ahora mismo la palabra de Alemany, que llegó a Mestalla con la carta de recomendación de Tebas, no se discute mientras el equipo surfee en la cresta de la ola. Igual que el Levante, uno de los clubes mimados por La Liga, bien considerado y ejemplo de gestión modélica bajo el mando de un Quico Catalán satisfecho de su batuta. Y si hay que ir a Arabia Saudí a participar en el paripé se va y no pasa nada. Los tics del nuevo fútbol, de los modernos septiembre, sin lluvia ni tormentas. Tiempos de plástico, fanfarria y redes sociales. Afortunadamente, de vez en cuando, vuelve a llover. Gotas de lágrimas saladas, de pasión y sentimiento. De verdad y de fútbol. Como las de Roberto Gil el jueves en el Ateneo. Emoción y melancolía de otros septiembres, de otro fútbol.

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