Al otro lado del Ebro

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

En diversas tertulias madrileñas, a través de radios y televisiones de cobertura nacional, cuando se enzarzan en el monotema por excelencia, el 'procés' (que pronuncian 'prucés', para demostrar que saben catalán), se escuchan frecuentemente los términos «Al otro lado del Ebro» o «Desde este lado del Ebro» para remarcar posiciones de unos y otros, con el resultado de que queda evidente una intención de diferenciar entre dos partes territoriales: Cataluña y el resto de España. Una metedura de pata que se repite incesantemente, un error garrafal que choca con los argumentos que los tertulianos que sueltan tales expresiones parecen defender. Porque si lo que tratan de afianzar con sus disertaciones es la unidad de España frente a las maniobras y la continuada picaresca de los independentistas, lo que acaban sembrando entre el público escuchante, al diferenciar entre una y otra orilla del Ebro, es precisamente eso, que hay una barrera que separa, que divide. Una sensación que debe hacerse más fuerte aún entre el público afín a los postulados separatistas, que verá así refrendada su posición. «¿Lo veis? -dirán-, hasta los de Madrid lo tienen claro y hablan de una parte y la otra, con el Ebro en medio.» Las palabras las carga el diablo. Mientras el tropel de soberanistas lucen hábiles estrategias en todos los frentes, manejando con destreza el marketing sociopolítico, del lado españolista florece muchas veces la torpeza que contribuye a erosionar las razones. Al margen de que no es cierto que el Ebro sea límite formal de territorios, porque gran parte de Tarragona está del supuesto lado del resto de España y medio Aragón del pretendido de Cataluña, más parte de Navarra, Rioja, Burgos, Cantabria..., intelectualmente es un error incomprensible empecinarse en tan burdo concepto.