Con el transcurso de los siglos, la religión ha asumido palabras y expresiones que fuera de ella tienen diferente sentido o, incluso, carecen de él. La fe es una de las más significadas, si no la que más.

El primer contacto que con ella hemos tenido como fe religiosa, nos ha llegado de elementales catecismos, que nos enseñaron que «fe es creer lo que no vemos». Por el mismo genérico razonamiento, habría que creer en las hadas o en los gnomos; pero se entiende porque, en efecto, a Dios no se le ve pero, y ahí reside la base de la definición, existe.

Fuera del ámbito religioso, la fe es necesaria como aceptación de algo sobre lo que no tenemos certeza. Se trata de una fe operativa, práctica, que hace posible que el mundo funcione, porque sin ella la vida se detendría; existen realidades de gran magnitud que necesitan su apoyo. La Historla es la más relevante. Hoy podemos trasmitir al futuro, con exactitud, información de nuestro acontecer diario. Otras tecnologías -rayos X, scanner, Carbono 14, ADN- nos traen fiel información sobre acontecimientos pasados, incluso remotos, hasta hace poco inasequibles. En la actualidad, pues, la Historia, tanto en el conocimiento de su pasado como en la información para el futuro, camina por razonables senderos de certeza; pero hemos dejado detrás muchos siglos para los que necesitamos el concurso de la fe para admitir, como nos los cuentan, hechos más o menos confusos e incluso la existencia de personajes de nebulosa realidad.

En cuestiones cotidianas, por la fe aceptamos que el médico que nos trata está facultado académicamente sin autentificarlo previamente; confiamos en que el ascensor o el automóvil que utilizamos cumplen los requisitos de seguridad; confiamos en que nuestros amigos y compañeros, nuestro marido o nuestra esposa, no nos clavarán el proverbial puñal en cuanto nos volvamos de espaldas. Confiamos, en fin, en que nuestros padres lo son sin recurrir a pruebas de ADN. La fe humana, a diferencia de la religiosa, tiene una base residual, empírica, a la que recurrir si fallan las demás. En la fe religiosa esta posibilidad no existe y en ello reside que la fe religiosa tenga la verdadera consideración de fe y la humana no, pues es una fe de muy inferior categoría, transitoria, que desaparece en cuanto la ciencia humana ocupa su lugar, cosa que en la fe religiosa no puede suceder.

Oímos con frecuencia que la duda es el gran enemigo de la fe y no es cierto. Muy por el contrario, la duda es su condición sine qua non. Sin la duda no puede existir la fe; el 'enemigo' natural de la fe es, precisamente, la falta de duda, la certeza. Si la duda desaparece, la fe, por innecesaria, también.

Los mecanismos de la fe humana y la fe religiosa son diferentes. Ambos se denominan 'ciencia', pero no solamente son diferentes, sino antagónicos. La ciencia humana actúa a partir de hipótesis cuya certeza intenta demostrar por medios empíricos, materiales. Si lo consigue, la hipótesis se convierte en certeza científica; si no, en hipótesis se queda. Hasta hace poco los 'agujeros negros' eran más un concepto de ciencia ficción que una hipótesis. Los científicos investigaron, experimentaron y en la actualidad la existencia de los agujeros negros está probada. No se conoce su exacta naturaleza, pero se sabe que ahí están. Son ya una realidad científica.

La ciencia religiosa se denomina Teología y limita su ámbito al estudio de Dios -'Teos'- y todo lo concerniente a Él. No parte, como la ciencia humana, de hipótesis que ha de probar, sino de la inicial aceptación de la realidad de Dios y, con medios de diversa naturaleza, se afianza en algo que ya ha admitido previamente. No solamente los no creyentes, sino muchos que lo son, han negado que esto sea reamente ciencia.Tomás de Aquino mantuvo que, efectivamente, la Teología es ciencia, pero requiere el concurso de otra superior. Esto aleja de ella la condición de ciencia humana porque Dios ha negado al hombre la posibilidad de llegar a él científicamente.

La que Tomás denomina «ciencia de Dios y de los Santos», proponiéndola como base de la naturaleza científica de la Teología, que es mucho más que ciencia, es una gracia que Dios da al hombre como camino único para llegar a Él: la fe.