Kyrgios versus Nadal

Lo que le come por dentro es que él está siendo consciente de que dilapida su genio porque le gusta más la buena vida

VICENTE GARRIDO

Kyrgios se enfrentó a Nadal en la segunda ronda de Wimbledon, y perdió. Pero antes opuso una fiera resistencia y un juego de altura, porque es un tenista genial. Él lo sabe, por eso entrena la mitad de los días, tal y como declaró después del vibrante encuentro, con unas palabras de claro desafío ante la recriminación general de su juego sucio. «¿Cuántos Grand Eslam ha ganado Nadal? ¿Cuánto dinero tiene en el banco? Creo que no es mucho pedirle que acepte una bola al cuerpo». Y es que, en un lance del partido, Kyrgios tiró a propósito al cuerpo de Nadal, sin necesidad de ello, como ocurre en ocasiones cuando el jugador no ve otra manera de devolver la pelota, y no se disculpó. Tampoco lo hizo por sacar 'de cuchara' (de abajo hacia arriba), un comportamiento de tramposo redomado, ni por sus constantes gestos de desaprobación que hizo durante todo el partido.

Kyrgios ya estaba 'caliente' con Nadal desde el pasado torneo de Acapulco, cuando éste le afeó con educación, pero con claridad, su falta de ética en el juego. Y lo volvió a hacer en este último partido: «No es mal chico, pero ha perdido el camino». Es esto lo que saca de quicio a Kyrgios: que le den lecciones, que le digan lo que está bien y lo que no y, sobre todo, que se atreva a calificarle no como jugador de tenis, sino como persona. Alguien «confundido», que «no ama el tenis» son cosas que molestan muchísimo a la persona que comprende que todo eso es verdad y que no es capaz de enfrentarse a sus propios demonios para hacer lo correcto. Él sabe que si dejara el ocio incompatible con ser un crack mundial podría llegar a ser su rival odiado. Lo que le come por dentro es que él está siendo consciente de que dilapida su genio porque le gusta más la buena vida.

Sin embargo, necesitamos a gente como Kyrgios: al no hacer un buen uso de su enorme potencial, pone en valor cuánto cuesta llegar a ser alguien con el esfuerzo denodado como bagaje principal. Porque Nadal tiene talento, sin duda, pero hasta el más despistado sabe que cada triunfo logrado por el balear se sustenta en un trabajo incansable. El gran mérito de Rafa Nadal es no haber desaprovechado la extraordinaria oportunidad que le brindó la vida al permitirle nacer en una familia adecuada (el ambiente) con una genética excelente (temperamento, capacidad atlética). ¿Quiso protestar Kyrgios por una vida que le he dejado heridas, cuando en una de sus respuestas, aseguró que «él [por Nadal] no sabe por las cosas que yo he pasado», y por consiguiente que no era nadie para juzgarle?

Quizás sea verdad, y en su fuero interno almacene una rabia justa, una fractura en su interior que no puede saldar. O puede que todo sea una excusa para no exigirse lo mismo que se exigen las personas que inspiran a toda una generación. Está en sus manos... o en su raqueta, demostrar qué legado quiere dejar tras de sí.