KUROSAWA GRANOTA

JOSÉ MARTÍ

En el Festival de cine independiente de Sundance, en el norteamericano estado de Utah, participan cada enero decenas de películas de autor. Los utaheños también podrían ser llamados hijos de Utah (perdonen el chiste fácil, sobre todo si son de allí; no he podido contenerme). En el certamen compiten películas de autor, distintas, de presupuesto bajo. De esas en las que el director se dedica a expresar sus sentimientos e inquietudes sin limitaciones, al margen de presiones de los estudios comerciales. Obras cinematográficas por lo general difíciles de digerir para el gran público.

Si hubiera un festival similar en fútbol, Paco López lo ganaría. Sería el campeón de los entrenadores raros, incomprendidos. En sus partidos suele desplegar un guión extraño, arriesgado, fuera de lo común. Un buen técnico, pero muy para entender. Digno de cine fórum. Lo del Bernabéu fue el ejemplo claro. Su planteamiento inusual, arriesgado, dejando expuestos a sus centrales lentos y un medio del campo en inferioridad, tenía muchas papeletas para el desastre como así ocurrió. Un guión catastrófico que, milagrosamente, no acabó en una manita. Luego, de pronto, tras el descanso, sin apenas tocar nada, fue inclinando poco a poco el campo y terminó dando un giro inesperado a la trama llegando a rozar el empate, como si lo tuviera previsto así de antemano. Emoción hasta el final. El arte de un director, dirán algunos. La suerte de Paco, responderán otros. Un incomprendido, en cualquier caso, como lo fueron el genial director de cine japonés Akira Kurosawa o el sueco Ingmar Bergman. Con sus detractores y sus acérrimos defensores. Lo cierto es que a este hombre honesto y trabajador, cuya frente despejada se confunde con su cabeza, no le falta un toque de cierta locura, difícil de entender para la mayoría. Parece seguir dos máximas: siempre arriesgar y mejor caer en el posible ridículo que en el aburrimiento. No cabe duda que con el paso de las temporadas en Primera se está convirtiendo en un entrenador de culto, como lo fue en su día Jémez o lo es José Luis Mendilibar, ante quien se enfrenta el sábado. Tan incomprendido el vasco que aquí no le dieron tiempo para trabajar y duró menos de un suspiro. Quizás López sea un genio de los banquillos según la definición de Ezra Pound («genialidad es la capacidad para ver diez cosas donde el hombre ordinario solo ve una»), pero siempre nos quedará la duda de si con otro entrenador se podría sacar más jugo a la que muchos consideramos la mejor plantilla de la historia del Levante. Nunca lo sabremos. Sea como fuere le recomendamos a la hora de dirigir sus taquicárdicos guiones no olvidar que, como decía Einstein, «la diferencia entre la estupidez y la genialidad es que la genialidad tiene sus límites». O no.