El 'killer'

Pedro Sánchez es el típico ambicioso que no repara en gastos para lograr sus objetivos

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Dicen quienes lo conocen que Pedro Sánchez es un 'killer', es decir, un verdugo capaz de quitar de en medio a cualquier adversario político. No parece descabellada la conclusión habida cuenta de que fue finiquitado en el PSOE tras la fallida investidura de Rajoy, pero volvió y venció a quienes le disputaban la Secretaría General, Patxi López y Susana Díaz. No solo eso. También fulminó a quienes le habían dejado de lado salvo si sus huestes eran necesarias para alcanzar el triunfo, como Puig en la Comunidad Valenciana. Sánchez es el típico ambicioso que no repara en gastos para lograr sus objetivos, entendiendo por 'gastos' muchos gestos que no son necesariamente económicos. No hay obstáculos que no se plantee superar aunque los métodos sean cuestionables y los procesos, complejos.

Desde ese punto de vista, se entiende mejor su estrategia con Unidas Podemos y su forma de sacrificar en la pira sagrada a Pablo Iglesias. Quiso acabar con su peor enemigo que no es el PP sino la nueva izquierda. En realidad si el fin es gobernar España, el adversario es Casado, pero si es liderar la izquierda, entonces la perspectiva cambia. Es algo semejante a lo que busca Albert Rivera en la derecha. Más que el gobierno, el líder de Ciudadanos quiere arrebatar el trono al PP. En eso se parecen Sánchez y Rivera, con la diferencia de que el presidente de Ciudadanos no tiene modos de 'killer'. Éste es un tipo dispuesto a todo y temible; capaz de dar la vuelta a lo sucedido en eso que llaman «construir el relato» para que el perjudicado quede como el causante de su desgracia. Así sucedió con Iglesias cuando Sánchez lo condujo hacia la trampa insinuando que compartían programa pero sin concretarlo ni rubricarlo. Ahora, en cambio, ha iniciado un discurso distinto centrado en «España». El defensor de la «nación de naciones» se erige en adalid de la españolidad y la patria hispánica. Está fagocitando a Ciudadanos con vistas a neutralizar su protagonismo en el centro del espectro político. Un líder, como Sánchez, que ha llegado al gobierno de la mano de unos nacionalistas que evitan decir «España» y optan por «el Estado español» pretende hacernos creer ahora que es un patriota convencido, cuya máxima aspiración es defender la rojigualda. Busca con ello ocupar el sitio de Rivera y acabar con él aprovechando que está en momentos bajos por las huidas y dimisiones de su partido. Lo que no termina de entenderse es cómo quiere ocupar el extremo izquierdo y al mismo tiempo el centro. Si se desplaza hacia el primero, desaloja el segundo y viceversa. En cualquier caso, Rivera debería poner sus barbas a remojar y Casado, recuperar un discurso centrado. Lo que Vox pueda arañar por el otro extremo no es tan relevante como las opciones moderadas que pueden votar hoy PSOE y mañana PP. Y, sobre todo, hacerlo antes de que el 'killer' le robe el espacio para terminar engañando a los incautos.