Está 'kaputt', mal que le pese

FERRAN BELDA

No soy forense, como Alejandro Font de Mora. Quiero decir que no estoy facultado para elaborar un examen pericial de estas características. Y además me gustaría equivocarme en lo que les voy a confiar. Pero tengo la impresión de que si Ximo Puig no cavó su propia tumba al conservar las 210 acciones que poseía de Pecsa, editora del diario Mediterráneo, al acceder a la más alta instancia autonómica, resultó mortalmente herido el día en que se publicó que el pleno del Consell del 15 de marzo aprobó por unanimidad el decreto que permite al IVF condonar deudas parcialmente. Y si aun así no quedó para el arrastre, lo remató el descubrimiento de que la única quita que ha realizado el banco de la Generalidad desde entonces beneficia al Molt Honorable por cuanto lo convierte en socio del primer grupo de comunicación de la Comunidad Valenciana. Y lo amojamó la comparecencia del (me temo que cesante) director general del IVF Manuel Illueca. A mí que me registren: Puig se interesó por el asunto y fue «la abogacía de la Generalitat la que me recomendó que esperara al decreto para cubrirme las espaldas» porque «si no, podíamos acabar todos en la fiscalía». Más tierra no pudo echarle encima.

Es decir que, en el mejor de los supuestos, el titular del Consell es un zombi. Un cadáver político sin otro horizonte que alargar su vagar hasta que alguna de las actuaciones que estudia emprender la oposición se lo lleve por delante. Un alma en pena que ya habla de sí mismo en tercera persona y se declara perseguido: «Hay interés mediático y político en desgastar al presidente». Buena prueba de que su reino ya no es de este mundo es que se comporta como Macbeth. Sacrifica a su amigo Banquo Marzá, trunca la carrera política de Francesc Colomer, a pesar de que le llevó el CTI a Morella, porque sospecha que tanto él como Mª J Salvador están involucrados en un imaginario y en cualquier caso lícito proyecto de sucesión a la secretaría general del PSPV, habida cuenta de que sólo después ha dado a entender que incumplirá la promesa de no permanecer más de ocho años en el cargo... Está 'kaputt' sin la grandeza de Malaparte. A dos sustos informativos de parecerse al Francisco Camps de 'Telva'. ¿Habría algún problema si las acciones fueran de Telefónica?, se pregunta retórico. Pues claro que no. Qué más quisieran los accionistas de Telefónica, cobrar los dividendos que abona su periódico. El problema radica en que son de Pecsa y no resulta temerario afirmar que, con independencia del rédito electoral que obtiene de su participación en la sociedad, los ingresos que percibe por este concepto proceden en buena medida de la importante suma de dinero que institucional y personalmente destina a este rotativo. No en vano ésta de premiar o castigar a la prensa es una potestad que se reservó para sí y se ha negado a delegar al ser reelegido.