Lo que nos jugamos

Toda la sociedad debe contribuir en la lucha contra la desinformación. Corresponde a todos, instituciones públicas, empresas privadas y ciudadanos, estar en alerta y actuar. El futuro de nuestra democracia está en juego

Lo que nos jugamos

Se acuerdan de la primera vez que votamos en las elecciones europeas en los ya lejanos años ochenta? Cada elección es la expresión última de la voluntad popular y, como ciudadanos europeos, podemos estar satisfechos de que nuestras democracias garanticen al máximo que los procesos electorales se llevan a cabo con el mayor grado de limpieza y transparencia. Las normas europeas garantizan que los actores políticos disfruten de igualdad de condiciones y de oportunidades, compitiendo por el voto popular en pie de igualdad.

En este contexto, las elecciones europeas que se celebrarán dentro de pocos días son el mayor proceso democrático transnacional de todo el mundo. Su importancia es enorme. De las elecciones emanará una nueva Comisión Europea, el poder ejecutivo de la UE; aprobarán todas las normas que afectarán a más de 500 millones de ciudadanos y decidirán, entre otras cosas, a donde debe ir el dinero de los contribuyentes.

En ese sentido, no debería sorprender que haya fuerzas, de dentro como de fuera de la UE, que intenten influir en las elecciones en nuestro continente, tanto en las nacionales como en las europeas, recurriendo incluso a medios no convencionales. Los acontecimientos del pasado reciente son motivo de alarma: en 2016, la consultora británica Cambridge Analytica utilizó una aplicación para recopilar millones de datos de usuarios de Facebook para influir en la elección del presidente de Estados Unidos y en el referéndum sobre el 'brexit' en el Reino Unido.

Aunque no cabe duda de que la desinformación ha sido un arma de influencia política desde que existe la democracia, el fenómeno ha estallado en los últimos años, con la ayuda de las nuevas tecnologías.

Nuestros ciudadanos reconocen el problema: según los últimos datos del Eurobarómetro, el 73% de los europeos están preocupados por el fenómeno, y en España es porcentaje es incluso mayor: el 84%. En este contexto, toda la sociedad debe contribuir en la lucha contra la desinformación. Corresponde a todos, a las instituciones públicas, a las empresas privadas y a los ciudadanos por igual, estar alertos y actuar. El futuro y la calidad de nuestra democracia están en juego.

A nivel europeo, el trabajo en este frente ha sido intenso, y me atrevo a decir que, aun siendo conscientes de las limitaciones, ha sido un éxito. Las instituciones europeas empezaron a trabajar en este frente ya en 2015, y a finales del año pasado presentamos el plan de acción más completo y exhaustivo jamás adoptado para intensificar los esfuerzos de lucha contra la desinformación en Europa, con varios ejes.

El primer eje tiene por objeto mejorar la detección de noticias falsas y la desinformación. Por esta razón, hemos creado dentro de las instituciones de la UE servicios especiales que cuentan con personal especializado y con la ayuda de las herramientas de análisis de datos más avanzadas. También hemos instado a los Estados miembros de la UE a que complementen estas medidas reforzando los servicios nacionales con los que puedan contar para esta finalidad.

En segundo lugar, hemos desarrollado un sistema de alerta rápida específico entre las instituciones de la UE y los países de la Unión. Cada Estado miembro ha designado un «punto de contacto», adscrito a sus servicios de comunicación, que en el caso de España es la Secretaría de Estado de Comunicación. Este sistema ya está en funcionamiento desde hace algún tiempo. Su tarea es la de facilitar el intercambio de datos y evaluar las posibles campañas de desinformación que se estén llevando a cabo.

En tercer lugar, todos somos conscientes de que muchas de las campañas de desinformación se propagan a través de las plataformas en línea que utilizamos en nuestro día a día. Por eso, hemos creído esencial involucrar en esta tarea a las propias plataformas. De esa manera, la Comisión y las principales plataformas en línea, como Google, Facebook y Twitter, firmaron en octubre de 2018 un código de buenas prácticas comprometiéndose estas últimas a realizar una serie de acciones para combatir las llamadas 'fake news'. Las medidas incluyen desde el cierre de cuentas falsas a la interrupción de los ingresos por publicidad de cuentas y sitios web que tergiversen la información, pasando por la cooperación con verificadores e investigadores académicos para detectar campañas de desinformación. Las empresas se comprometieron a informar mensualmente sobre sus acciones antes de las elecciones del próximo domingo 26. De hecho, los progresos realizados por todas las plataformas para abordar esta cuestión han sido de mucho valor.

Pero no podemos ser solo las instituciones o las empresas quienes luchemos contra la desinformación: necesitamos contar con los ciudadanos para que todos podamos detectar noticias falsas. Por esta razón, las instituciones de la UE y los Estados miembros empezaron a promover la formación a través de programas específicos.

Por último, somos un firme apoyo de los que, como nosotros, quieren combatir este fenómeno desde la sociedad civil.

En cada elección nos jugamos la credibilidad de nuestras instituciones democráticas, y las próximas elecciones europeas no son una excepción. Los ciudadanos europeos vamos a determinar el rumbo que va a tomar nuestra Unión en los próximos cinco años. Por nuestra parte, en la Comisión hemos hecho lo que debíamos: asegurar los instrumentos necesarios para garantizar que las decisiones de los europeos estén libres de cualquier interferencia que pretenda alterar de manera ilegítima el resultado de las elecciones.

El futuro nos espera a partir del próximo domingo.