Los jueves, milagro

No hay vieja o nueva política, hay una sociedad donde anidan vividores y guapetones que aspiran al poder, como siempre ha ocurrido

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La reina Isabel cumplió ayer, de forma escrupulosa, con su papel institucional. A los 93 años, en el 66º de su reinado, despidió a Theresa May como primera ministra y dio la bienvenida al estrafalario, aparentemente loco Boris Johnson... que resulta ser pariente lejano suyo, ya que ambos provienen de la familia del rey Jorge II. A la vista de la foto que el periódico publica -Boris disfrazado y colgado de un arnés- me acuerdo que el primer gabinete que la joven monarca tuvo al ser coronada, en 1953, estaba presidido por Winston Churchill. De él recibió consejos y confidencias, con él consultó sobre la crisis de Suez o los problemas del racionamiento. ¿Comparamos?

El Fondo Monetario Internacional ha revisado las previsiones de crecimiento de la economía española a mejor y las ha situado en el 2'3%, una cifra que asegura pan, trabajo, estabilidad y bienestar. Seguramente es la única buena noticia que los españoles tenemos asegurada en el menú; el resto es incertidumbre. Después de meses de paralización y bloqueo, los que aún se interesan por la política andan pendientes de que hoy, jueves, se pueda producir el milagro, la conjunción astral, que haga de Pedro Sánchez presidente de un Gobierno que va a causar asombro dentro y fuera de España. La situación de la política española es tan mala, tan enrevesada y perversa, tan alta tenemos la degradación, que el pueblo español anda pendiente -¿como solución?- de lo que podría ser una copia del estrafalario apaño al que Ximo Puig ha llegado en Valencia, el Gobierno de los Mil.

'Los jueves, milagro', ya saben, fue una película de Berlanga. La España de los remiendos y las picardías, de los engaños y la simulación, la de la búsqueda desesperada de una forma de vivir (»El Buscón») desfila y nos sugiere que no hay vieja o nueva política como no hay vieja o nueva sociedad; porque lo que hay es gente, adorable gente de España, incorregible, inabarcable gente eterna de la que sale una clase política que es como es. Y que, salvo excepciones notables, pero raras, viene trufada de arribistas, guapetones, listos y vividores, esté el poder en manos de Sagasta, del general Topete, del Generalísimo de los Pantanos o de Felipe González.

Hoy es posible que dos egos cósmicos, el de Iglesias y el de Sánchez, entren en conjunción orbital. Mucha gente no puede ni verlos por su infinita vanidad. Viven mirándose al espejo -como Donald Trump, como Boris Johnson- y diciéndose lo bellos y originales que son; lo bien que ha hecho el Cielo al disponer que ellos sean los salvadores de la humanidad.

El reloj del día avanza y no tengo respuestas, sino nuevas preguntas. ¿Qué pasa en las empresas privadas cuando se dan situaciones como esta? ¿Por qué no se aborda una reforma de la Constitución que prime con 50 escaños al partido que más votos saque? ¿Qué ocurriría hoy si los partidos dieran libertad de voto a sus diputados?