Juego de dados

Sería preferible dejar a Rita Barberá en el recuerdo de lo inexplicable; que los partidos no hagan, de aquellas banderas, banderías

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

No sé cómo lo resolvieron, finalmente. El caso es que en las primeras filas de la sala del Oceanográfico donde ayer se proclamó a Isabel Bonig como candidata por el PP a las elecciones autonómicas había reservadas para la familia Barberá unas butacas que se quedaron vacías. La herencia, el legado, la memoria de la alcaldesa de las seis legislaturas, regresa de modo inevitable y se hace presente en las elecciones del año 2019. Y lo hace sobre todos los partidos del arco, los que echaron combustible a la hoguera hasta alcanzar el poder y los que fueron indiferentes o tibios en aquellos duros días.

No, no van a ser unas elecciones cualquiera; no lo serán. Aparte de que políticamente hay mucho en juego, existen factores anímicos que ponen pasión añadida sobre los comicios de mayo. Hay remordimientos, hay insinuaciones de rectificación, tímidos o descarados deseos de aprovechar también una leyenda que debería quedar al margen de la batalla electoral cuando antes se pueda. Si se puede, que finalmente no se podrá.

Sería preferible, sí, dejar a Rita Barberá en el recuerdo, en su Mercado Central, donde solo ella se movía con una naturalidad irrepetible. Sería bueno pensar que eso ocurrió hace cien años y que se produjo, en todo caso, con ribetes que resultan inexplicables. Si les parece a los partidos, que desde luego son libres, no hagan, de aquellas banderas, banderías. Cuando un político alcanza en su territorio el 54 % de los votos, es mejor dejar el fenómeno en la hornacina de lo inexplicado: hay recintos reservados para el misterio.

En 2019 es muy claro que la baraja se va a repartir siempre por debajo del 30 % y que en las redacciones se va a jugar otra vez a comparar el porcentaje de votos de María José Catalá con el de Isabel Bonig. Desde el convencimiento de que lo que vemos no es ni lo que se deseaba ni lo que se necesitaba. No se deseaba a la primera, en tanto que se estuvo buscando sin recato a otros candidatos, dentro y fuera del partido; y la segunda no parece la persona dotada de la contundencia política y el peso específico necesario para derrotar al proyecto de oportunidad que se dio en llamar 'del Botànic'. Y con Toni Cantó de presunto sumando, seguramente menos.

Y es que es eso, la oportunidad, la coyuntura, el momento y la suma, lo que caracteriza la política de nuestros días. Los seis partidos en liza configuran un dado perverso, movido por el azar, incapaz de garantizar que el proyecto político mejor vaya a aupar al mejor candidato.

Desde la irrupción del último oportunismo de ocasión, Vox, sobre el tapete verde de juego, Andalucía es indicio de lo que tendremos: si los fragmentos componen una mayoría suficiente se fraguarán acuerdos de oportunidad manejando a conveniencia los pedazos de programa que vayan encajando. Si Ausias habló de la versatilidad del amor con un 'A joc de daus vos acompararé', pues eso.