¡Que las izquierdas ya están aquí!

El mensaje apocalíptico del progresismo debería ir acompañado de una tierra prometida que no se ve por ninguna parte

¡Que las izquierdas ya están aquí!
Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Ni se le ocurra a usted votar el 28 de abril o el 26 de mayo a «las derechas». Si es un jubilado se quedará sin pensión, si trabaja por cuenta ajena le despedirán, si está enfermo no le atenderán en la Seguridad Social, si es inmigrante le expulsarán de España y, lo peor de todo, si es mujer... si es mujer prepárese, porque su marido, su novio o su pareja la va a maltratar sistemáticamente y no podrá hacer nada por evitarlo ni denunciarlo, y cuando salga a la calle la violarán manadas salvajes de hombres que impondrán su ley ante la permisividad y hasta el regocijo de gobernantes corruptos y cómplices de la barbarie. ¡Que vienen las derechaaaaaaaas!, claman Pedro Sánchez, sus voceros y sus aliados, la macedonia de nacionalistas, independentistas y batasunos que le llevaron hasta la Moncloa, y los podemistas, aunque estos prefieren hablar directamente de los fascistas, así, con ese lenguaje tan sutil que acompañan del puño en alto, el saludo comunista que como todo el mundo sabe es el símbolo de los derechos y libertades, no hay más que preguntar a los naturales de los países del Este de Europa lo bien que se lo pasaron entre 1945 y 1989, la fiesta continua en la que vivían. Es igual, qué más da. La izquierda española -las izquierdas, por usar su misma forma despectiva de referirse a las derechas- sabe rentabilizar su dominio del escenario, de la propaganda, de la agitación y de la imposición de un pensamiento único supuestamente progresista que condena al discrepante no al olvido, qué va, sino a una lapidación que ya no se ejecuta con piedras como en la antigüedad sino a través de unas redes sociales en las que también han conseguido dictar su ley. ¡Que vienen las derechas!, gritan a los cuatro vientos para que los españoles y las españolas (porque ellos hablan así) salgan corriendo hacia los refugios de guerra como si los aviones de la Legión Condor fueran a bombardear pueblos y ciudades de un momento a otro. El fin de los tiempos se aproxima, la destrucción del Estado de bienestar pende sobre nuestras cabezas, los avances sociales y las libertades públicas conquistadas con tanto esfuerzo pueden perderse de un día para otro si ganan las derechas, nos aseguran los profetas de progrelandia, los que dicen vascos y vascas o andaluces y andaluzas, los que se avergüenzan de la historia de España, los que afirman que en América se cometió un genocidio, los que arrinconan el castellano allí donde gobiernan, los que desprecian la libertad de elección en la enseñanza porque sólo admiten que la educación dependa de un Estado adoctrinador y controlado por sus profesores, los que gastan irresponsablemente el dinero público que es de todos para que luego lleguen otros (las malvadas derechas) y se vean obligados a imponer políticas de austeridad porque no tienen más remedio. ¡Que vienen las derechas! vocean ellos, pero algunos replicamos: ¡que las izquierdas ya están aquí!