LA ISLA SECRETA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

La combinación de magia y misterio en las novelas engancha a la gente menuda. La fórmula funciona a las mil maravillas si se aplica correctamente aunque desprende perfume de truco barato. En general, luego, transcurren los años y entonces creces de cuerpo y mente. Claro que, esta obviedad hace lustros se truncó cuando el infantilismo de parque de atracciones y videojuegos conquistó buena parte de nuestra sociedad. La magia y el misterio son la antesala, cuando aterrizamos en la edad adulta, que fertiliza las descacharrantes teorías conspirativas. Algunas personas necesitan creer en oscuros remolinos que nos engatusan, en disparatadas predicciones que nos esperan traidoras a la vuelta de la esquina, en formidables conjuras que nos mantienen anestesiados. Disfrutan con las milongas alambicadas porque de ese modo se sienten astutos. A mí no me engañan, piensan, porque soy más listo y no me trago el anzuelo. De entre el océano conspiranoico me fascinan los terraplanistas y, cómo no, los que niegan la llegada del hombre a la luna. Por muchos que les expliques desde la evidencia científica su atroz error, ellos persisten en su chifladura. Una diputada socialista de Castellón milita en el bando de los que desconfían del alunizaje. «Soy de las que piensan que el hombre no llegó a la luna», ha disparado en las redes sociales. Espero que no le den ni mucha bola ni muchas responsabilidades en el Congreso, porque vamos, con semejante bagaje tememos lo peor. También se me antoja oportuno que, en próximas elecciones, los candidatos de todos los partidos desnuden sus delirios de conspiraciones, así sabremos a qué atenernos. El hombre paseó por la luna y la tierra es redonda, qué le vamos a hacer. Como también es cierto que Elvis, Marilyn Monroe, JFK y Bruce Lee viven en una isla secreta. Sin ninguna duda.