INTOLERANCIA

CARLOS PAJUELO

He leído que algunos centenares de jóvenes y otros menos jóvenes se han manifestado en ciudades de Andalucía para protestar por la elección de representantes de ese partido llamado Vox y que identifican con la derecha o mejor con la ultraderecha.

He oído que el expresidente González ha dicho que sólo nos faltaba eso para ser iguales que el resto de los europeos. Falta algo más, pero como salida improvisada es ocurrente.

Al parecer han sido 400 mil los votos puestos en las urnas que estaban allí para que cada uno dejará la papeleta que más encajaba con sus deseos.

Hasta conocer los resultados a eso de ir a votar y elegir libremente al partido o al señor que más nos gusta en ese momento, le hemos dado en llamar democracia y parece que llevamos unos cuantos años sin graves problemas ciudadanos. Incluso se ha dicho que es el periodo más largo de bonanza pacifica que hemos disfrutado nunca. He ido a leer un poco de historia y realmente parece que es así. No hemos parado nunca de lanzarnos estacazos y comprendo los cuadros de Goya «Duelo a garrotazos» o «Saturno comiendo a sus hijos» que, seguro, son resultados de la observación del pintor aragonés.

Parecía que después del oscuro periodo del gobierno militarizado del general Franco que, lentamente, derivaba hacia una dictablanda, amanecía un horizonte limpio de nubes y con un Sol esperanzador y radiante. Para que esto ocurriera, hace 40 años, los españoles nos dimos una Constitución y conviene saber que los padres de la Constitución no fueron solo los que se sentaron, tomaron mucho café y se exprimieron la sesera para que quedase un texto a gusto de todos. Todos hicimos un esfuerzo para intentar enterrar las diferencias, para olvidar lo que parecía inolvidable. Los que perdieron la guerra mediante el tiempo y el silencio se ganaron, de nuevo, un puesto al Sol y los que la ganaron, mal que bien, aceptaron el juego. Algunos claman por una reforma de la misma Constitución amalgamadora. Bien. Que se haga, pero que participemos todos ¿No? Sin embargo, observo síntomas de intolerancia. Los hijos y nietos han tomado sobre si el relevo reivindicatorio. Ha nacido la intolerancia.

 

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