Inmortales

MARÍA RUIZ

Hace años escuché a Eduard Punset decir que la vejez podría curarse. Que la biomedicina lograría crear fármacos para combatir la muerte de las neuronas. Nicholas Negroponte, el hombre que ha visto el futuro y se ha arriesgado a contarlo, asegura que nuestros hijos y nietos podrán vivir hasta los 150 años. Sostiene el fundador del MIT que la biotecnología curará enfermedades raras y que aprenderemos a combatir el cáncer copiando su forma de hacer inmortales las células tumorales. Y profetiza también que los jóvenes fruto de la nueva tecnología podrán revertir el cambio climático y que una nueva economía mejorará el mundo en 50 años. Ya hoy la llamada economía digital y su estructura globalmente conectada gracias a la tecnología está cambiando los modelos productivos.

Pero volvamos a la idea de revertir el proceso de envejecimiento y por tanto, al mito de la inmortalidad. Los genetistas aseguran que el cuerpo humano está diseñado para durar no más de 115 años, pero las futuras técnicas de clonación y otras más complejas alargan mucho más nuestra mortalidad. Algunos investigadores del campo de la neuroingeniería sostienen que el cerebro humano, por mucho que se avance en la indestructibilidad corpórea o en su duplicación genética, no podrá simularse de ninguna forma. Sin embargo, la inteligencia artificial sí podrá almacenar su información, recuerdos y conocimientos, lo que nos lleva a la hoy inverosímil segregación cuerpo-cerebro. Tendrían que cambiar entonces conceptos filosóficos como individualidad o libertad. Incluso podemos aventurar que se modificarán realidades como los placeres o derechos como la intimidad.

El 'memento mori', ese 'recuerda que eres moral' que los servidores susurraban a los emperadores romanos, hará reír a generaciones venideras.