Íñigo Errejón

CARMEN VELASCO

El uso del lenguaje en manos de los políticos me maravilla. Cuando Íñigo Errejón se refiere a que él y Pablo Iglesias están «en tareas que dificultan la conciliación de los afectos» quiere decir que se les acabó el amor (léase, el proyecto político) de tanto usarlo. En esta ruptura, parafraseando al personaje Humpty-Dumpty de 'Alicia a través del espejo', no importa el significado de las palabras sino el que tiene (o tendrá) el poder. El vocabulario de los partidos tiende a mostrar el vaso medio lleno y un exceso de cosmética verbal siempre es el aliado necesario de la manipulación. El recurso al eufemismo sirve para encubrir una situación indeseable pero negarse a nombrar lo que nos desagrada no neutraliza ni cambia los hechos que nos incomodan. Zigzaguear la realidad para evitar llamar al pan, pan y al vino, vino no es signo de inteligencia sino de falta de honestidad.

 

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