La inauguración de un logotipo

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A falta de grandes obras bueno es un logotipo de una marca turística o el nombramiento de un comisionado para el control de la instalación de un tercer carril en una vía de tren. Versión actual del clásico el que no se consuela es porque no quiere. Porque una cosa es que un dibujito de una palmera que supuestamente identifica a la Comunitat Valenciana se renueve al cabo de treinta años y otra bien distinta es que esta simple operación de marketing se transforme o se intente transformar en un gran acto público de una pretendida enorme trascendencia para no se sabe qué ni quién. Y una cosa es que las obras del corredor mediterráneo necesiten un comisionado que vele por el cumplimiento de los plazos previstos por el Ministerio de Fomento y otra bien distinta es que el nombramiento del secretario autonómico Josep Vicent Boira -persona más que capaz y sin duda competente para el puesto- se trate de vender como un gigantesco logro para Valencia y los valencianos, un hito que poco menos que cambiará nuestras vidas y supondrá un antes y un después en la historia de esta región. Pero es lo que sucede cuando no hay grandes proyectos en los que poner una primera piedra, girar una visita de obras o cortar la cinta inaugural. Aquella etapa terminó abruptamente no sólo con la derrota electoral del PP sino con muchos de sus dirigentes encausados e incluso encarcelados. Ya antes de mayo de 2015, los populares enterraron una política de eventos mediáticos, edificios emblemáticos y obras públicas de calado que disparó la deuda de la Comunitat y multiplicó los casos de corrupción. Sepultado el modelo, no ha sido capaz el tripartito de inventar otro que lo sustituya. Así que no queda más remedio que tirar de la imaginación -y hasta del desparpajo y la picaresca- para llenar la agenda del presidente de la Generalitat y de sus consejeros y embarcarlo en la apasionante aventura de inaugurar todo un logotipo o de querer apuntarse un tanto 'histórico' por el nombramiento del comisionado de un tercer carril. El modelo pepero desapareció pero la parafernalia que acompaña a la política autonómica, el boato del que se rodean los dirigentes regionales como si fueran estadistas internacionales, la fanfarria que va de la mano de la mínima e intrascendente actividad de los gobiernos locales no ha hecho más que transformarse, acomodarse a los nuevos tiempos, cambiar de atuendo. Si antes se inauguraban rotondas, nuevas líneas del metro, parques temáticos, palacios de la ópera, colegios e institutos,competiciones de vela o grandes premios de Fórmula 1, ahora el president tiene que conformarse con el escudo de la Generalitat o el logotipo de la marca turística valenciana. Igual es que la nueva política también era esto.

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