Ideales de pacotilla

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

Que uno puede mearse en la Justicia de un país, en la identidad del país mismo, y luego presentarse a unas elecciones organizadas por la nación negada y orinada, con un par de bemoles y emulando a su vecino el Manneken Pis, sin que tiemblen ni ideales ni lacitos, propios o ajenos, del votado y de los que botan. Con be, de burro y de brincar, sí. Porque los que en breve votarán a un fugado que supuestamente era su líder, son los mismos que botan cuando su equipo gana la competición copera de un país cuyo himno silban hasta desfallecer. Porque con esos ideales de pacotilla, uno puede competir en la Copa del Rey mientras dedica victorias a unos imaginarios presos políticos y luego berrear (otra vez con be de burro, qué sabio es el castellano) al son de un himno, para luego saltar y saltar al grito de 'campeones, campeones'. Por la Copa. La de su Rey. Menos mal que este año cambiarán las tornas (cruzo los dedos...).

La irracionalidad del fútbol ya estaba fuera de toda duda. Faltaba Zidane 2.0... Pero la obscenidad de la política, en general, y del independentismo en particular, roza hace tiempo lo grotesco. ¿Qué clase de jovenzuelos elegiría como delegado escolar a un fulano que no ha vuelto a asomar el hocico por el aula tras montar un motín para dejar fuera al maestro y fugarse tras ser pillado con las manos en la urna, para evitar el castigo de copiar 100 veces 'no volveré a Waterloo, no volveré a Waterloo...'? ¿Qué empresa confiaría sus cuentas y destino a un 'jefe' que se las ha dado al piro cuando ha visto las orejas al lobo (carcelario, que no estepario), y con una financiación de sus gastos más que dudosa? Claro que aquí no hablamos de aulas ni de economía, donde uno más uno, es dos (casi siempre). Esto es política, así que, viva el show. Lacito amarillo tuneado con bandera de estrellas y ancha es Europa. Y larga vida al Napoleón de Gerona.