HUMILLACIONES

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Los que se toman demasiado en serio a sí mismos se cargan de tal pompa, de tal boato mental, que obtienen el efecto contrario pues se precipitan hacia la caricatura. Lo mejor de nuestros creadores favoritos siempre brota cuando apuntan desde esa ironía que destilan, una saludable mezcla de escepticismo y melancolía que, por supuesto, les obliga a reírse de sus cosas y del resto del universo. Se necesita notable inteligencia para vindicar los defectos que nos traspasan y además extraer jugo de esas taras que son la sal de la vida. No abunda esta virtud en nuestra política. Prima el engolamiento de pavo real y macho alfa, pero cuando evolucionan desde ese engolamiento tan impostado hacia el psicodrama del sector folletín, o hacia el tebeo de posguerra con el patilludo don Pantuflo Zapatilla (padre de Zipi y Zape) de protagonista rancio, resulta muy difícil esquivar las risas. Al jefe de Podemos se le antoja que ya se han humillado bastante ante el bravucón PSOE actual de don Pedro el aéreo. Encuentro un matiz tirando a masoca con esto de la «humillación». Que si ya nos han humillado bastante, que si esto es una nueva humillación, que si hasta cuándo tendremos que humillarnos... Qué manera de exagerar, vaya con lo finos que se han vuelto los representantes de la gente que ahora se sienten tan humillados. La humillación, para los que formamos parte de la tropa, nos acoquina cuando el fin del mes, o cuando comprobamos que nuestros impuestos se despilfarran en subvenciones chorras, o cuando las cifras del paro aumentan hasta extremos pavoroso, o cuando los enturbantados de Irán nos visitan e intentan imponer su espantoso ninguneo contra la mujer. Todo eso nos humilla. Cuando unos diputados de recio sueldo fijo y labores difusas se irritan por supuestas humillaciones es que han abandonado la calle.