Una huerta desprotegida

Tenemos una ley que preserva un espacio agrícola único, pero nadie cayó en que fallaba la salubridad del agua que lo riega

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

El pasado 30 de junio, domingo, alrededor de las cuatro y media de la tarde, un nauseabundo olor a desagües invadió gran parte de L'Horta Nord. Desde la ronda Norte que circunvala el casco urbano de Valencia, por Tavernes Blanques, Almàssera, Bonrepós, Cases de Bàrcena y Meliana, una atmósfera pestilente lo invadió todo; no valía ni meterse dentro de casa. No estaban esparciendo estiércol en algún campo, como ocurre tantas veces, cuando hay que apresurarse a cerrar ventanas, según de dónde venga el viento; no eran horas de tal tarea; tampoco se identificaba que el hedor fuera de excrementos de animales, habitualmente gallinaza; eran claramente fétidos residuos humanos. Hablemos claramente: orín y mierda, y no era algo localizado, esporádico o aislado; llegaba en tromba, y se iba repartiendo, más o menos al ritmo de circulación del agua que se extendía por los ramales de las acequias que circulan desde hace siglos y en gran medida pasan por debajo de los cascos urbanos para volver a la superficie y sirven para regar los campos, camino del mar.

La situación se repite a menudo, aunque no es tan frecuente tal concentración de hediondez; lo habitual es que el asunto discurra más repartido. Los vecinos lo saben y lo sufren a diario, con variable intensidad; cualquier ciudadano ajeno a estas áreas lo puede notar con sólo asomarse a albañales y acequias, sobre todo cuando pasa poca agua o queda todo estancado, hasta que llega el turno de riego, abren compuertas, llega la corriente, riegan campos, desemboca lo que sobra en el litoral, después detectan la contaminación y decretan el cierre de playas. Lo de hace dos domingos atrás molestaba a muchos, pero, acostumbrados, cada cual trató de escabullirse de la incomodidad como pudo. Lo que se esparció en el mar se analizaría entre lunes y martes, hizo crisis y desembocó en un nuevo cierre de playas entre miércoles y jueves.

El director general de Agua de la Generalitat ha reconocido que hay carencias de alcantarillado en zonas de la huerta, aunque de momento prefiere limitar el problema a casas diseminadas. Desde luego ya ha dicho mucho más que otras autoridades que se limitaban a hablar de cosas muy puntuales o la limpieza de alguna pocilga. ¿Dónde están esas pocilgas?

El ingeniero Juan Broseta escribió el pasado jueves en este periódico apuntando a la operativa de algunas depuradoras, donde quizá podría ocurrir a veces que se desviaran vertidos sin depurar con tal de ahorrar electricidad, o por lo que fuera. Nadie le ha replicado ni desmentido. Luego...

Pero esa es sólo una de las partes de este problema, mucho más amplio y complicado. Es un problema de salud pública, de turismo, de frustrar el esparcimiento playero, de contaminación, de cobrar por servicios que no se dan... Y todo eso se despliega sobre una huerta que está protegida por ley y que en realidad vemos desprotegida, porque nadie quiso ver que falla la salubridad del agua que la riega.