Honor a Izpisúa

Es un ejemplo extraordinario de superación de la adversidad en pos de una vida con un profundo significado humano

VICENTE GARRIDO

Esta semana la Universidad de Valencia honró a Juan Carlos Izpisúa con un doctorado honoris causa, y por muy buenas razones. Izpisúa, natural de Hellín (Albacete), se licenció y doctoró en esta Universidad, y en la actualidad es un referente mundial en bioquímica y regeneración celular. Ha ejercido sus enseñanzas en las más prestigiosas universidades del mundo, y cuenta con otros premios y distinciones internacionales por su labor científica. Sin embargo, no son sus contribuciones a la bioquímica o la medicina lo que quiero glosar aquí, sino su aportación a la vida con sentido, su camino hasta llegar al extraordinario puesto que ocupa.

Izpisúa es un ejemplo notable de la importancia de los valores y de la persistencia en el esfuerzo. Hace años, en una entrevista, explicó la pobreza de recursos que tuvo en su infancia, y cómo desde pequeño tuvo que ser responsable del bienestar de sus hermanos, porque en su casa había muy poco para comer. Vendedor de globos en el paseo marítimo de Alicante, guitarrista para amenizar las terrazas de los turistas, pasó su infancia y juventud ocupándose de su madre y hermanos al tiempo que, a deshoras, conseguía una educación. Las probabilidades de que alguien en sus circunstancias hubiera echado su vida a perder eran muy altas, pero él supo invertir ese proceso, y de modo admirable llegó hasta lo más alto en un camino tan exigente y competitivo como la investigación científica de élite. Es obvio que nuestro personaje poseía unas dotes naturales, como una inteligencia que empezó a funcionar desde pequeño en la resolución de las cuestiones prácticas, para más adelante desarrollar su enorme potencial en el pensamiento creativo y abstracto, propio de los científicos. Pero esa inteligencia requería de un timón, y sus valores cristalizaron en él un deseo por contribuir, por dejar su huella esforzándose en mejorar el mundo que le vio nacer en circunstancias tan precarias. Izpisúa es un ejemplo extraordinario de superación de la adversidad mediante el esfuerzo en pos de una vida con un profundo significado humano.

Así pues, este hombre notable recibe tantos honores en buena hora. No tuvo suerte en la 'lotería ambiental', pero hizo de esa contingencia una forja desde la que trazar un camino pleno de sentido. Cuando hay tanta gente que se abandona ante las contrariedades de la vida, es bueno recordar que hay otros que tendrían mejores razones para justificar una vida sin rumbo. Yo no creo en la manida frase de que «uno consigue lo que quiere si se lo propone de verdad» que tanto abunda en los libros de autoayuda: hay veces que, sencillamente, no se puede, porque no se dispone de un gran talento o de los apoyos necesarios en momentos críticos, o bien se es víctima de una fatalidad. Pero aún así es claro que no debemos renunciar a la dignidad de la lucha. ¡Honor a Izpisúa!