Otro día histórico en Catalunya

Rosa Rodríguez
ROSA RODRÍGUEZ

Cuenta atrás para el 21 de diciembre. Nueva fecha en rojo en el calendario de los bandazos del laberinto catalán. Un año después de las autonómicas del 155, el tablero se ha dado la vuelta como un calcetín aunque no así el problema que va de fiasco en fiasco. De la 'operación diálogo' a la 'política de ibuprofeno' hasta el punto de no retorno. Ése que en aviación indica que no hay combustible para regresar al aeropuerto de partida por lo que se debe buscar otro destino. Estamos ante un nuevo impasse de alta tensión a ambos lados del puente aéreo. Agenda semanal eclipsada por otro día histórico en Catalunya. Consejo de Ministros en Barcelona. Provocación para los soberanistas sumidos en el bucle de su sempiterna contradicción. Cría encapuchados en Comités de Defensa de la República (CDR) que te asaltan el Parlament, que te sacarán los Grupos Autónomos de Acciones Rápidas (GAAR) que coordinan, en menos que canta un gallo, un caos monumental de transportes y comunicaciones. Los grupúsculos que dominan las protestas separatistas se han desprendido de sus matrices. Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, otrora apéndices orgánicos de la Generalitat, ya no controlan las calles. Han perdido el fuelle de masas de los 'Jordis'. El tiempo está pasando factura a los acusados del procés por el Supremo donde hoy se abren cuestiones previas. La auctoritas de Junqueras se desdibuja en la cárcel. Y la de Puigdemont no se traduce en la potestas de un vicario partidario de la desobediencia por 'vía eslovena'. «No vemos ningún paralelismo. No nos gustaría que se siguiera utilizando como ejemplo». Así enmendaba la plana Marjan Sarec, primer ministro esloveno, a su jefe de Estado por reunirse con Quim Torra en Ljubliana. Réplica similar recibía el valido desautorizado por Artadi -quien ya marca distancias- y Aragonès, enviados especiales de Waterloo y Lledoners al Govern, escindido en los dos sectores que aún capitalizan el secesionismo sobre el papel del último CEO. Nadie quiere perder la ocasión de la quincuagésima gesticulación. Oportunidad para separatistas, pendientes de sentencia, de exhibir que el procés no se les ha ido de las manos. Y quizá última bala para un Pedro Sánchez al que, con los barones trinando tras el descalabro del PSOE en Andalucía, le quedan pocos conejos en la chistera a menos que ERC y PDeCAT desfibrilen la parálisis cuando presente Presupuestos. PP y Ciudadanos le exigen la intervención de la Generalitat. Vox se frota las manos. Dado el miedo al desastre de la 'prueba del algodón', en términos Borrellianos, han movilizado -y cabreado- a un millar de agentes de Policía Nacional y Guardia Civil por si los Mossos no hacen su trabajo.

Moncloa suspira por la foto del presidente con el president para brindar por un 'Merry Christmas and a Happy New Year too'. Más de uno celebrará el 'The end' del peliculón del viernes como el 'El Equipo A'... «Me encanta que los planes salgan bien».