HISTÓRICA DROGUERÍA

Mª ÁNGELES ARAZO

La evolución de la droguería, paso a paso, se podía seguir en Casa Cordellat, que cuando la visité aún tenía el altillo, las estanterías de madera pintadas de verde, la caja de cobrar y un escaparate atiborrado de frascos con todos los pigmentos, minerales y escarchas que uno podía imaginar. De los viejos tintes para la ropa usada se saltó a las resinas, aceites de linaza, anilinas y purpurinas.

Como reliquias quedaban las pequeñas cajas de cartón que anunciaban el tinte 'Home Dye'. Fue en el tiempo de la posguerra cuando la penuria y la astucia se aliaban para aprovechar las prendas al máximo y en las galerías o en la cocina se preparaba el hornillo de carbón, con el cubo de agua que tenía que esperar la ebullición para disolver la prodigiosa pastilla. El beig cambiaba al marrón, al negro, al verde botella, al azul marino o al granate. Era cuestión de paciencia ilusionada.

Al 'Home Dye' siguió el español 'Iberia' y los abrigos de la hermana mayor pasaban a la menor después del proceso de tintorería doméstica. Fue también el tiempo en que Paco Cordellat fabricaba jabón -oh milagro de los milagros- en un corral, porque aún no se conocían las virtudes de los que llevarían realzado un Sol o un Lagarto, marcas que después serían barridas por los detergentes.

En las cajas, en los frascos, en las botellas, las etiquetas manuscritas delataban al paciente droguero, que recordaba el palo-jabón: las cortezas de árbol que al hervir proporcionaban al agua mejores cualidades para la ropa negra, la del eterno luto.

Cordellat supo anticiparse a los nuevos tiempos, y cuando la señoras del vestido y el velillo negro dejaron de solicitar los humildes productos, él ya se había especializado en materiales para pintores. A la droguería del antigua barrio acudían los alumnos de la Facultad de Bellas Artes y de la Escuela de Artes y Oficios. No faltaban la cola de conejo, la cola de pescado, la cola de carpintero, el betún de Judea, los barnices y las lacas.

La histórica droguería permanece en el recuerdo, entre los múltiples restaurantes que ahora se suceden en la calle Corretjería.