UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XIV)

En 1928 el Valencia alcanzó por primera vez las semifinales de la Copa tras eliminar al Real Madrid

JOSÉ RICARDO MARCH

En el verano de 1927 la directiva del Valencia, encabezada por Facundo Pascual (el presidente más longevo del club hasta la era de Luis Casanova), tomó la decisión de variar el rumbo deportivo del equipo sustituyendo a Anton Fivébr, preparador del equipo desde 1923, por un nuevo técnico. Aunque los años en los que el checo comandó la nave habían sido excelentes (el Valencia había ganado tres torneos regionales, lo que le había colocado a la cabeza del fútbol local), el equipo no había llegado a superar la ronda intermedia de la Copa, lo que, seguramente, frustraba a aficionados y directivos, empeñados en catapultar al club al primer nivel del fútbol español.

El elegido para sustituir al carismático entrenador checo fue James Elliott, un exfutbolista del Tottenham que afrontaba en Valencia su primera experiencia en los banquillos. Como explicamos en el artículo que sirvió para redescubrir al personaje, Elliott era un tipo bragado, forjado en el exigente fútbol inglés y obsesionado con la preparación física. Nada más aterrizar en Valencia exigió que los entrenamientos subieran de intensidad. El británico entendía que la laxitud con que se desarrollaban bastaba para afrontar los partidos amistosos y los campeonatos regionales, pero era francamente insuficiente si se quería ir más allá. La entrada de un nuevo gallo en el corral revolucionó el ambiente del vestuario. Era inevitable, dada la política de "laissez faire" a los futbolistas que había caracterizado la plácida etapa de Fivérb. Con el rígido inglés al mando no tardaron en aparecer los problemas en el seno de la plantilla, especialmente con los grandes nombres del equipo: Cubells, Montes y Garrobé. Ya en noviembre de 1927 la situación se había tensado tanto que la junta directiva hubo de reunir al grupo para explicar a los futbolistas que quien mandaba era Elliott y no ellos.

Entretanto, el calendario deportivo, que había añadido al habitual menú de dos platos un nuevo desafío, la Liga Máxima, se desarrollaba sin sobresaltos. En el Campeonato Regional el Valencia iba sorteando sin apenas dificultades los partidos ante rivales inferiores como el Saguntino, el Juvenal, el Burjassot o el Sporting de Canet. Sin embargo, dos tropiezos ante el Levante FC y el Castellón colocaron al equipo a merced de los cabañaleros, que habían crecido a la sombra del Valencia en los años anteriores. En la jornada final del torneo el Levante de Gaspar Rubio remontó un gol de Ródenas y desposeyó al Valencia del título.

A pesar del mal sabor de boca derivado de este tropiezo, el subcampeonato dio acceso al equipo a la fase intermedia de la Copa de España. El Valencia, en el que el empuje y la de nuevos nombres como Salvador, Arcadio o Pérez empezaba a eclipsar al juego desvaído de las viejas estrellas, se vio las caras con el Sevilla, el Murcia, el Cartagena, el Betis y el Levante. Tras lograr cinco victorias ante sus poderosos rivales el Valencia se clasificó para los cuartos de final a falta de una jornada para el final de la ronda.

En cuartos de final el Valencia quedó emparejado con el Real Madrid, cinco veces campeón de Copa. A pesar de las agoreras predicciones, que aventuraban que el equipo finalizaría en esa ronda su andadura copera, el empuje y entusiasmo de la joven plantilla (ya sin Montes ni Cubells) se impuso a la experiencia madridista. En el partido de ida, tras un arranque arrollador del Madrid, el Valencia logró igualar (2-2) gracias a los goles de Pérez y Rey y a la buena actuación del portero Pedret. En el de vuelta, disputado en Mestalla, dos tantos de Ródenas noquearon a los capitalinos, que solo pudieron responder con un gol en el minuto 80. Tras un final de partido poco menos que turbulento (con agresiones y lanzamiento de almohadillas), el árbitro dio término al encuentro. El Valencia acababa de clasificarse para las semifinales de la Copa. El optimismo se disparó, aunque el rival que separaba al Valencia de la final (la Real Sociedad de Bienzobas y Kiriki) era poderosísimo. Así se demostró en el encuentro de ida, en el que los blanquiazules golearon severamente a los de Elliott (7-0). En el partido de Mestalla el equipo salió a buscar el milagro, y aunque el marcador llegó a reflejar un 3-0 (el partido acabaría 3-2), la renta de la ida pesó como una losa. Con todo, a pesar de la eliminación, una oleada de satisfacción recorrió la ciudad. El Valencia se había quedado, por primera vez en su corta historia, a las puertas del éxito, lo que permitía soñar a su creciente masa de aficionados con un futuro próspero.

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