UNA HISTORIA DEL VALENCIA (IV)

El Valencia fue fundado por un grupo de entusiastas del fútbol en marzo de 1919

JOSÉ RICARDO MARCH

El 1 de marzo de 1919, menos de dos meses después del fallecimiento del infortunado Luis Bonora, un grupo de jugadores y directivos del Deportivo Español, reunidos en el Bar Torino y encabezados por Octavio Milego y Gonzalo Medina, rubricaron sobre la primera página de un libro de actas el nacimiento del Valencia Foot-Ball Club. Los padres fundadores eran un reducido conjunto de muchachos enamorados del fútbol: Milego, Medina, Fernando Marzal, Julio Gascó, Pascual Gascó y Andrés Bonilla. Recordemos que la ciudad en la que nació el Valencia era, futbolísticamente, algo parecido a un maremágnum en el que los equipos aparecían y desaparecían cada poco tiempo. A diferencia de lo que había ocurrido en otros puntos del país, en Valencia no se había conseguido consolidar ninguna aventura deportiva de fuste. El Valencia de 1905, el Hispania y el Español habían quedado por el camino. En el recuerdo de muchos restaban el fascinante poso dejado por los partidos de la marinería inglesa y el torneo de la Exposición. Desde 1909 se disputaban campeonatos, aunque el ir y venir de clubes los convertía en un escenario anárquico en el que cada año variaban los contendientes. En los albores de la década de los 20 el España (un club con cierta penetración entre las capas bienestantes de la ciudad), el Gimnástico (de origen escolar, nacido en el seno del Patronato de la Juventud Obrera) y el Levante (casi circunscrito a su ecosistema marítimo) representaban los pilares del modesto fútbol local. Ninguno de ellos había llegado a competir oficialmente contra los grandes clubes de España. Milego y Medina habían madurado, a partir de su experiencia en el Sagunto, la idea de crear un club de referencia para la ciudad, una entidad que pudiera saltar la barrera provincial y medirse de igual a igual con Madrid, Athletic, Barcelona y demás. Y comprendieron, muy acertadamente, que para conseguirlo sería más sencillo trabajar sobre lo que ya estaba hecho. Así, partiendo del indudable referente simbólico del Valencia de 1905 y asentando sus propósitos sobre las bases del Español, construyeron en relativamente poco tiempo un club dotado de una modernidad que lo alejaba de sus coetáneos.

¿Es posible desvincular completamente, como durante mucho tiempo han hecho los historiadores del fútbol valenciano, a los dos Valencias? No del todo. Indudablemente, ambas sociedades formaban parte de una misma idea: la asunción de la representatividad del deporte local. Ambas tomaban el nombre de Valencia, no casualmente, como bandera. Ambas vestían de blanco. Ambas compartían insignia indentificativa, en la que destacaba el escudo de la ciudad. Y algunos de los más destacados socios del Valencia de 1919, como Ramón Leonarte, habían sido integrantes del club de 1905. Sin embargo, los vínculos entre el primer Valencia y el Hispania y, especialmente, la discontinuidad deportiva, impiden que consideremos al Valencia del principios de siglo como el mismo club que surgió en 1919.

Más sencillo resultaría defender la hipótesis de la continuidad, con un nombre diferente, del Español y el Valencia Foot-Ball Club. Partiendo de la base de que la realidad administrativa es la que es (esto es, que el Valencia fue una creación ex novo respecto al equipo fenecido apenas dos meses antes), hay tres poderosos indicios que nos permiten vincular ambas entidades: el corto tiempo que medió entre ambas aventuras deportivas, la repetición casi absoluta de nombres en cargos directivos y plantilla y la utilización del mismo local social (Bar Torino).

Hace años CIHEFE, organización que agrupa a historiadores y eruditos futbolísticos españoles, acuñó la interesante teoría de la formación del Valencia como un 'Club Federación'. Esto es, que la intención de Milego habría sido que su nuevo club agrupase a los jugadores de mayor potencial de la ciudad. Es cierto que el nuevo proyecto consiguió atraer a antiguos futbolistas del Español, el Sagunto, el Godella, el Algirós o el Rat Penat. Sin embargo, Milego no logró una fusión de clubes. Es muy posible que tampoco lo pretendiera. Fuera del nuevo proyecto quedaron Gimnástico, España y Levante, que se convertirían en los primeros rivales del Valencia. En aquellos días de marzo de 1919 Medina, nombrado presidente de la comisión organizadora, se encargó de dos cuestiones básicas: la búsqueda de un campo y la redacción de un reglamento para el club. El resto de socios de la nueva entidad aportó lo que pudo. Algunos, como el adolescente Pepe Llorca, quedaron fuera de la primera lista de directivos por no disponer del dinero suficiente para pagar la cuota. Por fin, el 18 de marzo de 1919 el Valencia obtuvo la aprobación de sus estatutos por parte del Gobierno Civil. La aventura había comenzado.